ENSAYOS ACADÉMICOS: MEDICINA HUMANA

 

LA CIRUGÍA LÁSER EN HERNIA DISCAL: MENOR RIESGO QUE LA CIRUGÍA CONVENCIONAL
De La Cruz Julca Benito
Raico Hernández Elvis Raúl

Una de las patologías de la columna vertebral es la hernia discal lumbar, que representa una causa significativa de discapacidad y dolor crónico a nivel global. Esta condición, caracterizada por la protrusión del material del núcleo pulposo, genera compresión sobre las raíces nerviosas adyacentes, manifestándose como lumbociatalgia incapacitante1. El manejo de la hernia discal tradicionalmente progresa desde el tratamiento conservador (fisioterapia más farmacología) hacia la intervención quirúrgica cuando los síntomas se vuelven refractarios e intratables1. Históricamente, la discectomía abierta se ha establecido como el pilar del tratamiento quirúrgico, ofreciendo una alta tasa de éxito en la descompresión nerviosa. Sin embargo, esta aproximación invasiva conlleva inherentes desventajas, incluyendo la morbilidad asociada al trauma tisular1. En neurocirugía, la búsqueda de procedimientos que optimicen la recuperación y reduzcan los riesgos ha impulsado el desarrollo de técnicas de mínima invasión. Entre estas innovaciones, la cirugía láser discal ha emergido como una alternativa que promete lograr la descompresión neurológica con un daño colateral mínimo. En el presente ensayo el objetivo es examinar la evidencia comparativa disponible, con la premisa de que la cirugía láser en hernias discales demuestra menor riesgo que las cirugías convencionales.
La hernia discal lumbar constituye una patología de alta prevalencia y una de las principales causas de dolor lumbar crónico y radiculopatía en adultos, con impacto significativo en la calidad de vida y la productividad laboral. Si bien el tratamiento conservador representa la primera línea terapéutica, un grupo importante de pacientes presenta refractariedad clínica, lo que obliga a considerar intervenciones quirúrgicas. La discectomía abierta convencional se asocia a un riesgo no despreciable de complicaciones, tales como infecciones, sangrado, fibrosis perirradicular e inestabilidad segmentaria, además de periodos prolongados de hospitalización y recuperación funcional1,2. En este contexto, el desarrollo de técnicas mínimamente invasivas, como la cirugía láser discal, responde a la necesidad de reducir el riesgo quirúrgico manteniendo resultados clínicos comparables.
Desde el punto de vista fisiopatológico, la cirugía láser discal incluyendo la nucleólisis percutánea discal con láser (NPDL) y la descompresión percutánea discal con láser (DPDL) se fundamenta en la vaporización parcial del núcleo pulposo mediante un efecto fototérmico controlado. Este mecanismo produce una reducción del volumen discal y, de forma desproporcionada, una disminución significativa de la presión intradiscal, lo que alivia la compresión sobre las raíces nerviosas3,4,5. La aplicación de estas técnicas bajo guía fluoroscópica o tomográfica incrementa la precisión del procedimiento y minimiza el riesgo de daño a estructuras adyacentes. Estudios clínicos reportan tasas de éxito que oscilan entre el 60% y el 89%, especialmente en hernias contenidas, consolidando su eficacia terapéutica en pacientes adecuadamente seleccionados3,4.
Al comparar la cirugía láser con la cirugía convencional abierta, la evidencia científica señala ventajas claras en términos de seguridad y morbilidad. La cirugía láser se asocia a menor daño muscular, menor pérdida sanguínea, incisiones mínimas o inexistentes y reducción del riesgo de fibrosis postoperatoria, complicación frecuente en la cirugía abierta2,4. Asimismo, ensayos clínicos prospectivos han demostrado que, aunque la resolución del dolor radicular puede ser más inmediata en la discectomía convencional, las técnicas percutáneas con láser presentan menor agresión estructural, menor estancia hospitalaria y periodos de convalecencia más cortos, lo que representa un beneficio clínico relevante5. Estas características refuerzan el perfil de menor riesgo de la cirugía láser frente a las técnicas tradicionales.

Uno de los aspectos más relevantes que sustenta la superioridad de la cirugía láser en términos de seguridad es su baja tasa de complicaciones. Diversos estudios reportan incidencias inferiores al 1 %, siendo la discitis séptica o aséptica la complicación más frecuente, aunque poco común y generalmente prevenible mediante una adecuada técnica aséptica4,6. Además, el carácter mínimamente invasivo del procedimiento permite su repetición sin contraindicar una cirugía abierta futura, lo que amplía el espectro terapéutico disponible4,7.

La cirugía láser en hernias discales es abordada por diversos autores con enfoques que enriquecen el debate sobre su eficacia. Mientras investigaciones como las de Choi et al. y Fernández Gonzalo et al.3,6 destacan que técnicas como la nucleólisis (NPDL) logran hasta un 89% de éxito en hernias discales, Brouwer et al.7 añaden cautela al señalar que, aunque el láser reduce el daño físico, el alivio total puede ser más lento que la cirugía convencional. Por otro lado, autores como Yeung y Torres Moreira et al.8,9 sugieren que el uso del láser es mejor cuando se combina con tecnologías endoscópicas o plasma rico en plaquetas para mejorar la curación. Esto significa que la cirugía láser no debe verse como un reemplazo total, sino como una opción avanzada que prioriza la seguridad del paciente. Sin embargo, se cuestiona que los autores dejan vacíos relevantes en relación con los resultados a muy largo plazo y no definen con claridad qué tipo de láser es el más adecuado para cada caso, lo cual limita la interpretación integral de sus hallazgos; no obstante, pese a estas interrogantes metodológicas, estos estudios resultan valiosos porque demuestran que la cirugía láser busca ser cada vez más segura, menos invasiva y de menor riesgo para el paciente.

En definitiva, la evidencia clínica y científica analizada apoya la premisa de que la cirugía láser para el tratamiento de la hernia discal ofrece un perfil de seguridad superior en comparación con las técnicas quirúrgicas convencionales. La cirugía láser, mediante procedimientos mínimamente invasivos como la nucleólisis y descompresión percutánea discal con láser (NPDL y DPDL), se distingue por su menor agresión estructural, menor pérdida sanguínea, e incisiones más pequeñas. Estas características se traducen directamente en beneficios relevantes para el paciente, incluyendo una menor estancia hospitalaria, periodos de convalecencia más cortos y una reducción significativa del riesgo de complicaciones postoperatorias, particularmente la fibrosis perirradicular, que es frecuente en la cirugía abierta. De hecho, los estudios reportan una incidencia de complicaciones con la cirugía láser inferior al 1%, siendo la discitis la más común, aunque poco frecuente. Además, la naturaleza mínimamente invasiva de la cirugía láser no compromete la posibilidad de realizar una cirugía abierta en el futuro si fuera necesario.

Aunque algunos autores señalan que el alivio total del dolor puede ser más lento con el láser en comparación con la discectomía convencional, y se requieren más estudios sobre los resultados a muy largo plazo y la especificidad del tipo de láser, la vasta evidencia disponible consolida a la cirugía láser como una alternativa segura, eficaz y moderna. Este enfoque terapéutico se posiciona como una opción que prioriza la seguridad del paciente en el manejo de la patología discal lumbar, siempre que se aplique bajo criterios estrictos de selección.

Referencias bibliográficas

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3. Fernández Gonzalo A, Herreras Cardiel AI, García Fuertes P, Solsona Anadón MP, Gala Navarro Magaña A. Nucleólisis percutánea con láser en el tratamiento de la hernia discal lumbar. Rev Sanit Investig [Internet]. 2025 [citado 14 ene 2026]; 6(5). Disponible de: https://revistasanitariadeinvestigacion.com/nucleolisis-percutanea-con-laser-en-el-tratamiento-de-la-hernia-discal-lumbar/
4. Duarte R, Costa JC. Descompresión percutánea discal con láser para el tratamiento del dolor lumbo-radicular de origen discal. Radiology [Internet]. 2012 [citado 13 oct 2025]; 54(4):336–341. Disponible de: https://www.elsevier.es/es-revista-radiologia-119-articulo-descompresion-percutanea-discal-con-laser-S003383381100097X
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6. Choi YS, Kim SJ, Lee SH. Eficacia y seguridad de la descompresión discal con láser en la hernia discal lumbar. Spine Surg Relat Res [Internet]. 2022 [citado 14 ene 2026]; 6(4):477–485. doi:10.22514/ssrr.2022.022. Disponible en: https://doi.org/10.22514/ssrr.2022.022
7. Brouwer PA, Peul WC, Brand R, Arts MP, Koes BW, van den Berg AA, van Buchem MA. Efectividad de la descompresión percutánea con láser del disco frente a la discectomía abierta convencional en el tratamiento de la hernia de disco lumbar: diseño de un ensayo clínico aleatorizado prospectivo. BMC Musculoskelet Disord [Internet]. 2009 [citado 14 ene 2026]; 10:49. Disponible de: https://link.springer.com/article/10.1186/1471-2474-10-49

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9. Torres Morera LM, Eizaga R, Calderón E. Tratamiento con láser más plasma rico en plaquetas para dolor crónico discogénico lumbar por hernia discal. Multidiscip Pain J [Internet]. 2023 [citado 13 oct 2025]; 3. Disponible de: https://doi.org/10.20986/mpj.2023.1050/2023
10. Hosseini B, Allameh F. Terapia con láser en la cirugía del disco lumbar. J Lasers Med Sci [Internet]. 2020 [citado 14 ene 2026]; 11(4):390–394. doi:10.34172/jlms.2020.62. Disponible de: https://journals.sbmu.ac.ir/jlms/article/view/30784/25851


EFICACIA Y SEGURIDAD DE LA CIRUGÍA BARIÁTRICA EN ADOLESCENTES CON OBESIDAD SEVERA

Navarro Tumbay, Irene Jhomira
Ortiz Rojas, Leisi Yaquelin
Tasilla Llanos, Roy Anderson

Durante los últimos años, la obesidad severa en la adolescencia ha escalado a la categoría de epidemia global, planteando un desafío médico sin precedentes, frente a ello, surge la cirugía bariátrica que se define como el conjunto de procedimientos quirúrgicos diseñados para lograr una pérdida significativa de peso corporal, por ello, Amezquita la considera como la opción terapéutica más viable para tratar la obesidad severa en adolescentes, pero solo debe ser considerada en circunstancias excepcionales [1]. La obesidad persistente desde la adolescencia a la adultez, sus comorbilidades, la duración de la enfermedad y la limitada eficacia de los tratamientos convencionales tienen un impacto acumulativo en la salud, lo que conlleva al desarrollo de riesgos significativos y una mortalidad prematura. Por ello, es necesario analizar si la cirugía bariátrica en adolescentes con obesidad severa es una respuesta quirúrgica eficaz para tratar la obesidad junto a sus comorbilidades. Ante ello, nos planteamos la siguiente interrogante: ¿Consideras que la cirugía bariátrica en adolescentes es una intervención médica eficaz para tratar la obesidad severa? Particularmente, consideramos que la cirugía bariátrica en adolescentes con obesidad severa es una intervención médica eficaz. Seguidamente, se sustentará la postura considerando la evidencia científica sobre sus resultados.
La cirugía bariátrica (CB) deriva del griego “baros” que significa peso, y se define como un conjunto de procedimientos quirúrgicos diseñados para lograr una pérdida significativa de peso corporal, por eso se considera extremadamente segura en adolescentes con obesidad severa, ya que las tasas de morbi-mortalidad han disminuido dramáticamente y cuenta con el respaldo de instituciones como la Academia Americana de Pediatría (AAP) y la Sociedad Americana de Endocrinología (SAE) [1]. A diferencia de los tratamientos convencionales que son eficaces en la niñez, pero limitadas en adolescentes obesos severos, la CB ocupa un lugar más destacado dados sus excelentes resultados en las reducciones de peso superiores y sostenidas, con menor mortalidad a largo plazo [1, 2], como lo evidencia el estudio sueco que mostró beneficios a 10 años, y en Washington, 11,3% vs. 16,3% a 15 años en no operados vs. operados [3]. Asimismo, en los estudios de AMOS (81 adolescentes) y FABS-5+ (58 adolescentes) y reportaron descensos del IMC, llegando a una reducción del 29%, junto con remisión de comorbilidades [1], lo cual se evidencia en un análisis nacional en 51 adolescentes que indicó resolución del 100% de hipertensión arterial, 96% de insulinorresistencia, 58% de dislipidemia y 50% de diabetes tipo 2, luego de 12 meses [1]. Por otro lado, la CB mejora la calidad de vida, autopercepción e integración social de los adolescentes, resultados que se muestran en el estudio realizado por la ASMBS [4].

Este procedimiento quirúrgico comprende diversas modalidades eficaces, siendo las más comunes la gastrectomía vertical en manga (MGL) y el bypass gástrico (BGLP), cuya comparación permite seleccionar el procedimiento más adecuado para cada paciente.[5]. La MGL consiste en la resección aproximada del 80 % del estómago, reduciendo su capacidad a 80–100 ml, lo que limita la ingesta alimentaria y disminuye la secreción de grelina, con una pérdida del 60–75 % del exceso de peso durante el primer y segundo año posterior al procedimiento [6], aunque presenta una eficacia ligeramente inferior en la reducción ponderal, ofrece ventajas relevantes en términos de seguridad nutricional, ya que preserva el píloro y reduce el riesgo de deficiencias nutricionales graves [6]. Asimismo, el bypass gástrico consiste en la creación de un pequeño reservorio gástrico de 30 ml aproximadamente, el cual va conectado al yeyuno, excluyendo el estómago distal y el duodeno, y establece una anastomosis en Y que permite el drenaje biliar y pancreático para la digestión, ofreciendo una pérdida del 60–80% del exceso de peso en los primeros dos años[6], este procedimiento se asocia con una reducción ponderal más rápida y sostenida, además, demuestra mayor eficacia en la reducción de comorbilidades metabólicas y continúa siendo la mejor opción en pacientes con perfiles clínicos complejos [6]. El estudio Teen-LABS liderado por Thomas H. Inge, M.D., determinó la eficacia en adolescentes con obesidad severa, después de 3 años de haber sido sometidos a la cirugía, presentando una reducción promedio IMC del 28% tras BPGL y del 26% tras MGL [6]. En síntesis, ambos procedimientos constituyen intervenciones quirúrgicas eficaces para el manejo integral de la obesidad, enfatizando la necesidad de individualizar su selección de acuerdo a características clínicas del paciente, con la finalidad de disminuir los riesgos y potenciar los beneficios terapéuticos.

El NIH y la ASMBS establecen criterios de inclusión y requisitos clínicos para el manejo adecuado de este procedimiento quirúrgico en adolescentes [7,8]. Estas instituciones enfatizan la necesidad de una selección rigurosa de los pacientes candidatos, quienes deben cumplir con un nivel de madurez física y psicológica adecuada [1], la cual debe incluir la aplicación de instrumentos como los Inventarios Juveniles de Beck y el Cuestionario de Examen de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, utilizados para detectar síntomas de problemas de salud mental y trastornos alimentarios [9]. De igual manera, según encuestas realizadas en el Reino Unido, los pacientes seleccionados deben haber presentado fracaso previo de la terapia convencional durante un período mínimo de seis a doce meses [9], así como la presencia de comorbilidades tales como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia y enfermedades musculoesqueléticas [1]. Por otro lado, este procedimiento debe realizarse exclusivamente en centros acreditados y bajo protocolos nacionales e internacionales, con el fin de garantizar la seguridad, confianza y fiabilidad del tratamiento; demostrado en un análisis de 1 072 adolescentes sometidos a cirugía metabólica en centros acreditados de Estados Unidos, el cual evidenció que más del 93 % presentó una recuperación perioperatoria sin eventos adversos significativos, y las tasas de mortalidad y de complicaciones graves se mantuvieron por debajo del 1 % cuando se aplicó un manejo clínico estandarizado [10].
Un seguimiento postquirúrgico y un enfoque multidisciplinario son acciones claves para determinar la efectividad de la cirugía bariátrica. Las instituciones, ASMBS y AAP, resaltan que la estimación preoperatoria por parte de nutricionistas, psicólogos y endocrinólogos es importante para reparar las deficiencias nutricionales, afianzar la estabilidad psicopatológica y determinar la madurez esquelética [11]. Asimismo, un seguimiento adecuado, con todos los protocolos de seguridad, previene deficiencias nutricionales y detecta a tiempo complicaciones conductuales o médicas, los estudios postquirúrgicos manifiesta que los pacientes deben recibir suplementos de vitaminas y minerales y los niveles séricos de estos elementos deben ser investigados periódicamente a lo largo de todo el seguimiento [3], para mantener hábitos de vida saludables y exonerarse de las posibles complicaciones médicas a mediano y largo plazo. Finalmente, la evidencia clínica demuestra que la participación de la familia constituye un factor determinante en el éxito de la CB, recibir apoyo familiar es fundamental para prevenir el aislamiento, por lo tanto, se considera importante que los familiares también reciban información y apoyo [11], esta se evidencia en las guías pediátricas de la ASMBS, las cuales establecen la evaluación y capacitación familiar como requisito indispensable previo y posterior a la intervención quirúrgica, debido a su influencia directa en la consolidación de hábitos saludables y en la prevención de recaídas [7].
Los estudios de Amezquita [1] y Vilallonga [2] guardan semejanza al expresar que la cirugía metabólica o bariátrica es una intervención eficaz que se expresa en la reducción de la morbi-mortalidad y en los resultados a largo plazo; además, es respaldada por instituciones de prestigio. Asimismo, el estudio de Hernández, Licea y Marín [9] manifiestan que es necesario abordarla como una intervención temprana, enfatizando la selección rigurosa del paciente y el enfoque multidisciplinario. Por su parte, Lima [3] pone mayor énfasis en los protocolos clínicos inmediatos. Por otro lado, Paulus [4] sobrepasa los resultados tangibles e incorpora el ámbito psicosocial al considerar la mejora en la calidad de vida, la autopercepción y el valor de los criterios de elegibilidad. Según Toapanta [6] y Lissette [8] la eficacia de técnicas como la manga gástrica y el bypass está determinada en estudios comparativos, en donde se indica la eficacia de cada una. Del mismo modo, Altieri [10] habla que la seguridad de la CB se correlaciona directamente con la realización en centros acreditados. Örn por su parte, expresa que los beneficios metabólicos persisten en la adultez [11]. Desde nuestra interpretación, estos hallazgos mencionan que la cirugía bariátrica en adolescentes con obesidad severa es eficaz y debe ser comprendida no sólo como una alternativa médica, sino como una intervención integral basada en evidencia científica sólida, por ello los autores destacan la reducción de la morbi-mortalidad y la sostenibilidad de los beneficios a largo plazo, lo que nos permite interpretar que esta intervención no es un recurso extremo ni experimental, sino una opción terapéutica frente al fracaso de los tratamientos convencionales. Asimismo, se menciona que la selección rigurosa del paciente, el trabajo multidisciplinario y la intervención en centros acreditados mejoran la eficacia de dicho procedimiento, dándonos a entender que esta no depende únicamente del acto quirúrgico, sino de un proceso clínico ético, responsable y personalizado. Sin embargo, este consenso deja en evidencia vacíos críticos; la mayoría de los estudios priorizan los resultados biomédicos y protocolos a medio plazo, pero excluyen un análisis profundo sobre las consecuencias psicosociales a largo plazo y las barreras de acceso equitativo en diversos contextos de salud, dejando sin responder si la efectividad reportada es replicable para la mayoría de la población afectada. El presente estudio es relevante, ya que evidencia que la este tipo de cirugía no solo cuenta con el respaldo experimental necesario, sino que también se sustenta en enfoques clínicos, institucionales y psicosociales bien definidos, lo que refuerza la tesis planteada. Pese a que se reconocen vacíos sustanciales, como la supervisión clínica a largo plazo y la equidad de acceso, estos no invalidan los hallazgos sólidos de este estudio, sino que orientan el desarrollo de futuras investigaciones. En conjunto, estas investigaciones ubican a este ensayo como un aporte notable para una visión amplia del rol de la cirugía bariátrica en el tratamiento de la obesidad severa en adolescentes, lo que avala su lectura e importancia en el ámbito médico.
En conclusión, la cirugía bariátrica es, en sus distintas modalidades, una intervención médica eficaz para adolescentes con obesidad severa. Demostrado en la evidencia disponible en cuanto a la seguridad y efectividad de estos procedimientos para la pérdida de peso y mejoría de enfermedades asociadas. Por ello, es considerada extremadamente segura, presenta distintas modalidades que la hacen eficaz, presenta el respaldo de instituciones y estudios, precisa de un seguimiento multidisciplinario y establece requisitos y criterios de inclusión como clave del éxito. Por ende, este tipo de cirugía, es considerada la mejor opción ante los tratamientos convencionales; además, urge adoptar protocolos multidisciplinarios y convencer a profesionales que promuevan la CB temprana en adolescentes con obesidad severa. Pues se establece la eficacia aprobada de la CB (reducción IMC >25%, remisión comorbilidades >90%) y la presencia del documento oficial de la Federación Internacional para la Cirugía de la Obesidad y los Trastornos Metabólicos IFSO que confirma altos estándares de seguridad y mortalidad <1 % [3].

Referencias Bibliográficas
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LA RESECCIÓN ENDOSCÓPICA: UN TRATAMIENTO EFICAZ Y SEGURO FRENTE A LA NEUROCISTICERCOSIS

Tarrillo Edquen, Joseph Yherilin
Bustamante Ducef, Luis Miguel
Alvaro Inciso, Piero Alessandro

La resección endoscópica aplicada a la neurocisticercosis constituye una técnica quirúrgica mínimamente invasiva debido a que consiste en la introducción de un endoscopio a través de un pequeño orificio craneal, permitiendo la visualización directa de las estructuras afectadas y la manipulación precisa del quiste mediante instrumentos microquirúrgicos, posibilitando la extracción directa o la aspiración total de los cisticercos del parásito Taenia solium cuando estos se localizan en regiones específicas del sistema nervioso central, particularmente en el sistema ventricular o en las cisternas subaracnoideas. Estas localizaciones presentan particular relevancia clínica, considerando que la neurocisticercosis es una patología parasitaria grave y de alta carga sanitaria en regiones endémicas como América Latina, cuya morbilidad neurológica ha sido abordada mediante estrategias terapéuticas quirúrgicas y farmacológicas; sin embargo, el tratamiento con albendazol presenta limitaciones de eficacia, especialmente en formas extraparenquimatosas, por ello orientamos el siguiente ensayo en torno a la siguiente pregunta controversial: ¿podría la resección endoscópica constituir una alternativa terapéutica más segura y eficaz para los pacientes con neurocisticercosis? En efecto, esta modalidad se justifica como superior al tratamiento farmacológico basado principalmente en albendazol, ya que permite una localización precisa del parásito intraventricular o cisternal, minimiza riesgos asociados a la inflamación intensa inducida por la muerte quística y reduce complicaciones postoperatorias. De este modo, la resección endoscópica es más adecuada y segura frente al tratamiento farmacológico en la neurocisticercosis.
La resección endoscópica en enfermedades endoparasitarias del sistema nervioso central, particularmente en la neurocisticercosis, constituye una técnica mínimamente invasiva de alto impacto terapéutico, que permite la extracción directa de quistes parasitarios, reduciendo significativamente la morbimortalidad cercana al 13% en formas intraventriculares y de cisternas basales (1), así como las complicaciones asociadas a abordajes craneales extensos, al intervenir con precisión sobre lesiones responsables de hidrocefalia obstructiva, ventriculitis y efecto de masa. Desde una perspectiva analógica, actúa como una “cirugía de navegación interna”, al acceder a través de trayectos naturales a regiones anatómicas complejas como los ventrículos y las cisternas basales, que representan entre el 7-30% de los casos y conllevan riesgos neurovasculares críticos, ofreciendo visualización ampliada para resección segura, biopsia y derivaciones internas, sin daño significativo al parénquima cerebral adyacente (2). A diferencia del tratamiento farmacológico con albendazol, cuya eficacia es controvertida en estas localizaciones por inducir inflamación reactiva, adherencia quística e hidrocefalia obstructiva aguda con mayor riesgo de ependimitis y deterioro neurológico, la endoscopía temprana previene la liberación antigénica al líquido cefalorraquídeo (3). Finalmente, este abordaje disminuye la incidencia de ventriculitis y la dependencia de derivaciones ventriculoperitoneales, propensas a infecciones y fallos mecánicos, al resolver la causa primaria de la obstrucción ventricular y optimizar el pronóstico postoperatorio, con menor tasa de complicaciones a corto y largo plazo(4)(5).
En cambio, el tratamiento médico exclusivo de la neurocisticercosis revela limitaciones sustanciales en formas intraventriculares graves, que concentran la mayor morbimortalidad debido a hidrocefalia obstructiva aguda, ventriculitis y deterioro neurológico progresivo, complicaciones no siempre prevenibles con fármacos antiparasitarios aislados (6). En un plano comparativo, equivale a intentar resolver una obstrucción ventricular persistente sin remover el agente causal, ya que el albendazol, aunque eficaz en formas intraparenquimatosas, presenta eficacia limitada en localizaciones ventriculares al inducir degeneración quística con liberación antigénica al líquido cefalorraquídeo, desencadenando ependimitis, ventriculitis e hidrocefalia aguda, lo que empeora el pronóstico (7). Esta degeneración, además, complica cirugías posteriores por la adherencia capsular a la pared ventricular, incrementando el riesgo de daño al parénquima adyacente y justificando la resección endoscópica precoz para la extracción quística antes del desarrollo de procesos inflamatorios severos. En contraste, los tratamientos combinados con corticoides y cirugía endoscópica atenúan la inflamación, resuelven la obstrucción y controlan recurrencias, reduciendo hospitalizaciones prolongadas, efectos adversos del uso extendido de neuroparacitarios, necesidad de derivaciones valvulares y reintervenciones, optimizando la evolución postoperatoria y la carga terapéutica global (8).
Por ello, la resección endoscópica en el manejo de la neurocisticercosis, mejora significativamente la calidad de vida y la recuperación funcional del paciente, en comparación con abordajes quirúrgicos convencionales o tratamientos médicos exclusivos, al resolver directamente la hidrocefalia obstructiva, el efecto de masa y la inflamación persistente (1). Interrumpiendo de manera causal el ciclo patológico de obstrucción, inflamación y daño neurológico. Esta técnica restaura la circulación normal del líquido cefalorraquídeo mediante la extracción quística y derivaciones internas, reduciendo disfunciones mecánicas, infecciones asociadas a derivaciones valvulares y tiempos de hospitalización, lo que facilita la reintegración social y laboral en poblaciones económicamente activas (5). Además, minimiza secuelas neurológicas al preservar el parénquima cerebral mediante trayectos ventriculares naturales, con menor incidencia de déficits residuales en comparación con el tratamiento farmacológico exclusivo (9). En síntesis, se posiciona como una estrategia sustentable y humanizada, que optimiza recursos sanitarios, previene morbimortalidad y mejora el pronóstico funcional a largo plazo, al resolver definitivamente la causa estructural de la enfermedad (3)(4). En el contexto endémico peruano de la neurocisticercosis, la combinación de resección endoscópica con albendazol ha demostrado una eficacia superior en casos obstructivos ventriculares y racemosos basales. Esto se documenta, por ejemplo, en un paciente varón de 34 años procedente de Junín, con hidrocefalia tras tratamiento médico inicial con albendazol (15 mg/kg/día durante 8 semanas), resuelta mediante acueductoplastia endoscópica que restauró el flujo del LCR sin recurrencias; así como en un varón de 63 años con quistes en región selar y prepontina evacuados mediante endoscopía endonasal transesfenoidal, pese a complicaciones como fístula de LCR, complementadas con protocolos antiparasitarios. (10). Estudios peruanos posteriores a 2020 refuerzan esta sinergia terapéutica, donde la endoscopía transventricular permite la extracción de quistes en la fisura interhemisférica anterior preservando la vasculatura, seguida de albendazol profiláctico por dos meses, superando la inflamación reactiva del tratamiento farmacológico exclusivo (cefaleas 78%, convulsiones 72%) y reduciendo la mortalidad perioperatoria al 13% en la fosa posterior, con resolución del 80–90% de quistes parenquimatosos remanentes. Esta aproximación multidisciplinaria minimiza la necesidad de derivaciones ventriculoperitoneales y optimiza el pronóstico funcional, especialmente en centros de referencia como el Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas de Lima, resaltando su relevancia para estudios sobre endemicidad en regiones como Cajamarca y Lambayeque (11).
Al analizar de manera integral la evidencia clínica, quirúrgica y contextual. El autor Jaimovich et al. (1) resalta la superioridad de la resección endoscópica en quistes gigantes intraparenquimatosos, al permitir resección quística, reduciendo la necesidad de derivaciones valvulares, logrando mejoría neurológica inmediata en pacientes con síntomas focales y deterioro cognitivo. En cambio, Vargas-Urbina et al. (4) destacan su rol en neurocisticercosis subaracnoidea silviana, combinada con neuroparacitarios como albendazol, aunque advierten de la controversia en formas parenquimales. Por otro lado, la persistencia de esquemas terapéuticos centrados en el uso exclusivo de neuroparasitarios, como se evidencia en Jerves Serrano. (6), quienes, a través de un metaanálisis, concluyen que el albendazol en dosis cortas o largas es efectivo solo en lesiones parenquimatosas transicionales simples, pero con pronóstico peor en formas extraparenquimatosas que requieren cirugía. Asimismo, Vargas J. et al. (10) ilustran estas limitaciones en casos clínicos en paciente con neurocisticercosis intraventricular, donde el tratamiento inicial con albendazol y múltiples derivaciones ventriculoperitoneales (DVP) llevaron a disfunciones repetidas, exacerbando síntomas como cefalea, náuseas, vómitos, alteración de la marcha y parálisis de nervios craneales. La fuente González et al. (3) refuerzan esta visión al indicar que el tratamiento cisticida en formas intraventriculares debe controlarse con derivaciones para evitar descompensación hidrocefálica y el riesgo de vasculitis.
En conjunto, de la evidencia analizada interpretamos que la resección endoscópica trasciende el rol de procedimiento complementario y se consolida como un componente terapéutico central en las formas complejas de neurocisticercosis, al intervenir directamente sobre la causa mecánica de la hidrocefalia y la inflamación, lo que se traduce en mejores resultados clínicos y menor morbilidad que el tratamiento farmacológico aislado. Mientras que los antiparasitarios resultan eficaces principalmente en lesiones parenquimatosas simples, las formas intraventriculares, subaracnoideas y extraparenquimatosas muestran claras limitaciones del tratamiento médico exclusivo y con frecuencia requieren intervención quirúrgica para prevenir complicaciones recurrentes. Desde esta perspectiva, se hace pertinente cuestionar la limitada producción de estudios de alto nivel de evidencia sobre la resección endoscópica, predominando publicaciones basadas en casos clínicos aislados o series reducidas. Por el contrario, el abordaje farmacológico dispone de un metaanálisis y de estudios más generalizados sobre la enfermedad, lo que refleja una mayor consolidación de la evidencia en el ámbito médico en comparación con el procedimiento endoscópico. A pesar de la escasa información, especialmente en contextos endémicos como el peruano, respalda su integración temprana dentro de protocolos terapéuticos multidisciplinarios, no como un recurso excepcional, sino como un pilar fundamental del manejo moderno de la neurocisticercosis, orientado a mejorar el pronóstico funcional, optimizar recursos sanitarios y garantizar una atención eficaz, humanizada y basada en evidencia.
En conclusión, la resección endoscópica se consolida como el tratamiento quirúrgico óptimo para la neurocisticercosis de cisternas basales e intraventriculares, al abordar directamente los mecanismos fisiopatológicos de alta morbimortalidad hidrocefalia obstructiva, efecto de masa e inflamación, superando las limitaciones del tratamiento médico exclusivo, caracterizado por eficacia controvertida y exacerbación inflamatoria secundaria a la degeneración quística. Sus ventajas clínicas, quirúrgicas y funcionales incluyen menor mortalidad, reducción de complicaciones como ventriculitis, recuperación funcional temprana mediante preservación del parénquima cerebral, restablecimiento del flujo del líquido cefalorraquídeo y menor dependencia de derivaciones valvulares, con la consecuente reducción de hospitalizaciones y aceleración de la reintegración social y laboral. Este abordaje integral y seguro previene cascadas inflamatorias, reduce el uso prolongado de neuroparasitarios y sus efectos adversos, alineándose con un modelo terapéutico humanizado, eficiente y sustentable, que preserva la función neurológica y la calidad de vida a largo plazo. Así, la resección endoscópica emerge no solo como una opción eficaz, sino como el estándar terapéutico racional en el manejo neuroquirúrgico contemporáneo. Por ello, se insta a la comunidad científica a profundizar la investigación sistemática y fortalecer la integración de la resección endoscópica dentro de protocolos terapéuticos en la medicina moderna basada en la evidencia.

Referencias Bibliográficas
1.Jaimovich SG, Calzone C, Guevara M, Gardella JL. Tratamiento endoscópico en neurocisticercosis de cisternas basales e intraventriculares. Rev Argent Neurocir [Internet]. 2013 [citado 12 enero 2026]; 27(1). Disponible de: https://aanc.org.ar/ranc/items/show/485
2.Badilla Nelson A. Neurosarcoidosis: manifestaciones clínicas, abordaje diagnóstico y opciones terapéuticas. Rev Méd Sinerg [Internet]. 2022 [citado 12 enero 2026]; 7(5). Disponible de: doi: 10.31434/rms.v7i5.796
3.Lafuente González AP, Roldán Pinargote FE, Soto Silva GA, Arias Carvajal SM. Neurocisticercosis, diagnóstico y tratamiento. Recimundo [Internet]. 2022 [citado 13 enero 2026]; 6(3):136–146. Disponible de: doi:10.26820/recimundo/6
4.Vargas-Urbina J, Martínez-Silva R, Palacios-Santos F. Neurocisticercosis subaracnoidea silviana izquierda: un reto terapéutico. Rev Cubana Med Hematol Inmunol Hemoter [Internet]. 2023 [citado 13 enero 2026]; 16(3). Disponible de:
doi:10.35434/rcmhnaaa.2023.163.1865
5.Rojas-Panta G, Toro-Huamanchumo CJ., Altamirano Mego E. Perfil clínico y epidemiológico de los pacientes con diagnóstico de neurocisticercosis en dos hospitales de Chiclayo, Perú. Horiz. Med. [Internet]. 2017 [citado 14 de enero 2026] ; 17(1):11-17. Disponible de: http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1727-558X2017000100003&lng=es
6.Jerves Serrano. Metaanálisis: Efectividad del tratamiento a largo y corto plazo con albendazol para la neurocisticercosis intraparenquimatosa. Horiz Med . [Internet]. 2018 [citado 14 de enero 2026]; 18(1):35-41. Disponible de: doi: 10.24265/horizmed.2018.v18n1.06.
7.Soto Cossio E, Vecante Hernández B, Pacheco G, et al. Neurocisticercosis ventricular: manejo multimodal y revisión de la bibliografía. Med Int Mex [Internet]. 2018 [citado 15 de enero 2026]; 34(5): 797–803. Disponible de: https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=83830
8.Urbina Sempertegui SA. Características clínico-epidemiológicas e imagenológicas de pacientes con diagnóstico de neurocisticercosis atendidos en el Hospital Regional Docente de Cajamarca durante el año 2019 [tesis de pregrado en Internet]. Cajamarca (Perú): Universidad Nacional de Cajamarca, Facultad de Medicina; 2022 [citado 14 de enero 2026]; 56p. Disponible de: https://repositorio.unc.edu.pe/handle/20.500.14074/4852

9.Brito-Núñez NJ, Velásquez M, Roa C, Tabasca M, Krivoy J. Neurocisticercosis cerebral gigante. Reporte de un caso. Rev Chil Neurocirugía [Internet]. 2019 [citado 15 de enero 2026]; 45:175-178. disponible de: https://revistachilenadeneurocirugia.com/index.php/revchilneurocirugia/article/view/132/1
10.Vargas-Urbina, John & Flores, Jerson & Rojas, Jaime & Palacios, Fernando. (2019). Acueductoplastia con colocación de stent por neuroendoscopia para manejo de un quiste del IV ventrículo en un caso de neurocisticercosis. Peru J Neurosurg [Internet]. 2019 [citado 1 de febrero 2026]; 1(4): 99-104. Disponible de: https://perujournalneurosurgery.org/sites/default/files/Aqueductoplasty%20and%20Stenting%20by%20neuroendoscopy%20for%20the%20cyst%20of%20the%20IV%20ventricle%20in%20a%20case%20of%20neurocisticercosis.pdf
11.Rodríguez Villanueva M. Seroprevalencia de neurocisticercosis humana en pacientes que acuden al consultorio de Neurología del Hospital Regional de Cajamarca, marzo–mayo 2017[tesis en Internet]. Cajamarca (Perú): Universidad Nacional de Cajamarca; 2018 [citado 1 de febrero 2026]. Disponible de: https://repositorio.usanpedro.edu.pe/items/6e812465-ace1-40b7-a2f2-3a72766cab16?utm_source=chatgpt.com

 

LA TELEMEDICINA COMO ESTRATEGIA COMPLEMENTARIA PARA FORTALECER LA ACCESIBILIDAD, EFICIENCIA Y EQUIDAD EN LOS SISTEMAS DE SALUD

Alcalde Yzquierdo, Alexis Ricardo
Novoa Sánchez, Katherine Alely
Sáenz Arancibia, Kristofher D´alessandro

Durante las últimas décadas, las tecnologías de la información y la comunicación han generado transformaciones importantes en la organización y la prestación de los servicios sanitarios, haciendo emerger nuevas formas de la atención al paciente. En este contexto, la telemedicina ha surgido como una de las alternativas para contrarrestar las limitaciones estructurales de los sistemas de salud, más aún en contextos donde existen desigualdades geográficas, disminución de los profesionales o dificultades para hacer frente a servicios especializados. Su incorporación ha generado posturas muy diversas respecto de su alcance, eficacia o impacto real en la equidad del sistema sanitario. En este contexto, el presente ensayo argumenta que la telemedicina es una estrategia significativa para asegurar la accesibilidad, la eficacia y la equidad en los sistemas de salud, siempre que forme parte de una atención presencial adecuada y forme parte de disposiciones tanto normativas como institucionales y sociales adecuadas.
La telemedicina hace referencia a la «aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación en una atención a los pacientes a distancia, provocando el diagnóstico, el seguimiento o la intervención clínica manteniendo la ausencia física simultánea de profesional y paciente”4,3. La telemedicina se encuadra, en suma, en el conjunto de los sistemas de salud, entendidos como aquellos recursos y profesionales orientados a garantizar el derecho a la asistencia sanitaria de la población2. En este sentido, la telemedicina mejora la accesibilidad, al eliminar las barreras geográficas y sociales que limitan el contacto con los servicios de sanidad, sobre todo en las áreas de menor desarrollo o en las más vulnerables3. También favorece la eficiencia del sistema al reducir el empleo de recursos humanos y tecnológicos y, a su vez, aliviando la saturación de los servicios de atención presencial1. Finalmente, refuerza la equidad, en tanto que logra garantizar la cobertura de atención en poblaciones que tradicionalmente están excluidas del acceso a ella10. Por eso, se considera que el valor de la telemedicina no radica en su faceta tecnológica, sino que tiene que ver con la capacidad que tiene para reorganizar los servicios del sistema de salud, de forma más accesible y más justa.
Diferentes autores e instituciones expertas apoyan el valor que tienen la telemedicina como instrumento para mejorar la eficiencia de los sistemas de salud. Ávila de Tomás defiende el uso de tecnologías digitales en la atención primaria, también para descongestionar los servicios presenciales y para mejorar la coordinación entre los profesionales de la sanidad1. En la misma línea, Cáceres-Méndez et al. afirman que la transmisión oportuna de la información clínica a través de plataformas digitales garantiza la calidad del acto médico y a su vez permite mayor calidad a la hora de tomar decisiones más acertadas4. Aun así, el documento científico del repositorio CECAR, corrobora que la teleconsulta y la telemonitorización favorecen la educación sanitaria del paciente y el uso racional de los recursos3. De hecho, la telemedicina sirve como explicación científica para defender la mejora de la eficiencia del sistema sanitario gracias a la telemedicina, siempre y cuando se entienda su implementación como una parte de los modelos organizativos ya existentes y bien escriturados.
El aporte de la telemedicina a la equidad se ilumina en contraste con los modelos tradicionales y de atención fragmentados. Cuando en los sistemas anteriores el paciente debe moverse entre servicios diversos no interconectados, los modelos basados en la telesalud hacen que la atención sea más integradora y en continuidad8.Del mismo modo, así como la atención según el paciente trata de coordinar los diferentes niveles del sistema sanitario, la telereferencia permite articular mediante plataformas digitales a los profesionales, instituciones y servicios9. Desde esta perspectiva puede afirmarse que la telemedicina contribuye a disminuir las desigualdades estructurales en el acceso a la atención de la salud, por tanto, se entiende que su aplicación en contextos con atención fragmentada e inequidad sanitaria cobra especial relevancia3.
La eficiencia de la telemedicina tiene su nido en resultados concretos hallados por investigaciones. Se ha evidenciado en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 que la telemedicina tiene un impacto positivo en el control glicémico y la adherencia al tratamiento6; del mismo modo, la telemedicina ha demostrado ser útil para un mejor seguimiento clínico de pacientes con tuberculosis multirresistente en el caso de países de bajos recursos7. Al igual que las experiencias aprendidas en sistemas de salud de América Latina han mostrado un incremento en la extensión y en la sostenibilidad del acceso a servicios en salud1,2. Por esta evidencia empírica se puede considerar que la telemedicina tiene impactos clínicos realmente comprobables, contribuyendo así a su valor como herramienta complementaria para reforzar los sistemas de salud.
La telemedicina ha sido estudiada por distintos autores con perspectivas muy disímiles, lo cual permite encontrar diferentes enfoques de análisis; en este sentido Ávila de Tomás y Cáceres-Méndez, Castro-Díaz, Gómez-Restrepo y Puyana coinciden en resaltar los beneficios operativos, educativos y tecnológicos de la telemedicina, enfatizando su potencial para mejorar la atención en salud y de aumentar el acceso a los servicios de salud 1-4. También, Santome de Varge Maldonado, Barbosa Marques y Cruz, Mendoza-Alonzo y Mendoza-Alonzo, y Seminario Carbonel y sus coautores buscan en sus trabajos dimensiones institucionales, sociales y políticas, asegurando puntos muy concretos5-8. A partir de las referencias anteriores, se puede llegar a la interpretación de que la telemedicina no es sólo una tecnología innovadora, sino que es un proceso complejo que se articula con modelos de atención sanitaria y que precisa condiciones estructurales para ser efectiva. No obstante, es interesante señalar que determinados contextos de aproximación predominantemente descriptiva tienden a ofrecer una mirada excesivamente benigna de la telemedicina, donde se establecen algunos de los problemas de mayor calado, referidos a las brechas digitales, a los problemas éticos que se establecen, a las fragilidades regulatorias, problemas que coartan su efectividad real como impacto en los sistemas de salud9,10. Así pues, surge esta pregunta: ¿puede la telemedicina considerarse eficaz sin poder solventar las desigualdades tecnológicas y acaban de salir a la luz las debilidades normativas? De manera análoga, se cuestiona también hasta qué punto una adopción acrítica de modelos muy tecnológicamente optimistas contribuye a reproducir inequidades en cuanto a acceso y calidad acaban por ser la atención sanitaria en lugar de darle solución. Ciertamente puede decirse que los aportes más rigurosos son los que constatan los alcances y los límites de la telemedicina, la consideran un complemento de la asistencia sanitaria presencial y la emparejan con políticas públicas que sean coherentes con la sostenibilidad, ya que los enfoques que se basan únicamente en sus beneficios resultan insuficientes para orientar las decisiones de tipo sanitario.
Como conclusión, la telemedicina se va configurando como una herramienta estratégica que puede contribuir al fortalecimiento de los sistemas de salud al permitir aumentar la accesibilidad a los servicios, optimizar el uso de los recursos y bajar las barreras relacionadas con las distancias geográficas y con la organización, mientras que a lo largo del ensayo se destaca que estos beneficios operativos, de tipo educativo y tecnológicos son relevantes pero que dependían de factores de tipo institucional/social/normativo que legitimaban su puesta en práctica. Así mismo, el análisis crítico de la literatura ha mostrado que una visión excesivamente optimista de la telemedicina es insuficiente para abordar problemáticas como el digital gap, las crisis éticas y la fragilidad regulatoria. En este sentido, reafirma que los enfoques de mayor rigor académico son aquellos que reconociendo sus límites la hacen un complemento de la asistencia sanitaria presencial y la enlazan con políticas públicas coherentes y sostenibles, lo que pone de manifiesto la necesidad de profundizar futuras líneas de investigación que busquen evaluar su impacto en contextos de salud diversos.

Referencias Bibliográficas
1. Ávila de Tomás JF. Aplicaciones de la telemedicina en atención primaria [Internet]. Aten Primaria. 2001;27(1):54–57[citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0212656701787744
2. Seminario Carbonel JL, Bobadilla Quinteros JL, Rodríguez Figueroa JJ, Gensollen Queens A. Avances y retos de la telemedicina: impacto de la telemedicina en la atención sanitaria en el Perú [Internet]. Rev Climatol Ed Esp Cienc Soc. 2024;24:1075–1081 [citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://rclimatol.eu/wp-content/uploads/2024/02/Articulo-RCLIMCS24_0115-Jorge-Carbonel.pdf
3. Telemedicina para la atención primaria y desafíos de implementación [Internet]. Sincelejo: Corporación Universitaria del Caribe – CECAR; s.f. [citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://repositorio.cecar.edu.co/server/api/core/bitstreams/34b8330e-8bfe-44c4-8b16-e596632e9c85/content
4. Cáceres-Méndez EA, Castro-Díaz SM, Gómez-Restrepo C, Puyana JC. Telemedicina: historia, aplicaciones y nuevas herramientas en el aprendizaje [citado 2026 ene 14]. Univ Méd (Bogotá). 2011;52(1):11–35[. Disponible en: https://www.redalyc.org/pdf/2310/231019866002.pdf
5. Mendoza-Alonzo P, Mendoza-Alonzo J. Telemedicina: desafíos para Chile a la luz de la experiencia de Estados Unidos durante la pandemia [Internet]. Rev Med Chile. 2021;149(8):1198–1204[citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://www.scielo.cl/pdf/rmc/v149n8/0717-6163-rmc-149-08-1198.pdf
6. Arroyo Rodríguez SM, Correa Acevedo J, De la Rosa Botello ÁS, Palacios-Barahona U. La telesalud en la atención médica de pacientes diabéticos tipo 2: resultados clínicos, ventajas y desventajas. Salud Uninorte. 2024;40(3):975–990[citado 2026 ene 14]. doi:10.14482/sun.40.03.510.001
7. Olawade DB, Eberhardt J, David-Olawade AC, Balogun MA, Bolarinwa OA, Esan DT. Transforming multidrug-resistant tuberculosis care: the potentials of telemedicine in resource-limited settings. [Internet]. Health Sci Rev. 2024;12:100185[citado 2026 ene 14]. doi:10.1016/j.hsr.2024.100185
8. Case management in primary healthcare for people with complex needs to improve integrated care: a large-scale implementation study protocol [Internet]. PubMed; 2024 [citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39134438
9. Opportunities of integrated care to improve equity for adults with complex needs: a qualitative study [Internet]. PubMed; 2024 [citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/39506639
10. Telehealth and access to health services in Brazil during the COVID-19 pandemic [Internet]. Cad Saúde Pública (SciELO Brasil); s.f. [citado 2026 ene 14]. Disponible en: https://www.scielo.br/j/csp/a/54bg8d5mfWmCC9w7M4FKFVq/?format=pdf&lang=en

 

MÁS ALLÁ DEL HUMO: EL IMPACTO REAL DE LOS CIGARRILLOS ELECTRÓNICOS

Flores Infante, Araceli
Sánchez Palomino, Yadhira
Segura Díaz, Marycielo

En los últimos años, los cigarrillos electrónicos han alcanzado popularidad a nivel global y han ganado gran aceptación, sobre todo entre adolescentes y jóvenes que los consideran como una opción moderna y supuestamente segura en comparación con el cigarrillo tradicional. La publicidad de distintos sabores en estos dispositivos para llamar su atención refuerza dicha idea de novedad y seguridad. Sin embargo, esta percepción de inocuidad se opone a la evidencia científica reciente que señala sobre los diversos efectos adversos que tiene en el organismo. En este contexto surge una pregunta inevitable: ¿pueden realmente considerarse a estos dispositivos como un sustituto seguro para el reemplazo del consumo de tabaco convencional? A partir de esta problemática, sostenemos que los cigarrillos electrónicos representan una alternativa dañina para reemplazar a los tradicionales. Los argumentos que apoyan nuestro punto de vista se desarrollan a continuación.
Los cigarrillos electrónicos causan un daño severo en el sistema respiratorio, comparable al ocasionado por los cigarrillos tradicionales. Este proceso dañino comienza cuando los e-líquidos, compuestos por propilenglicol y glicerina, se calientan a altas temperaturas, lo que altera su estabilidad química (1). De hecho, esta reacción térmica libera subproductos altamente tóxicos como el formaldehído y la acroleína; incluso, se ha evidenciado que vapear a alto voltaje puede generar concentraciones de carcinógenos superiores a las del tabaco convencional (2,3). La inhalación continua de estas sustancias irrita las vías respiratorias y provoca inflamación crónica, la cual puede manifestarse clínicamente a través de infiltrados pulmonares (4). En consecuencia, este deterioro incrementa significativamente el riesgo de desarrollar patologías irreversibles como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) (5). Estos hallazgos evidencian que el acto de vapear afecta seriamente el sistema respiratorio y desmienten la falsa creencia de que son opciones seguras para reemplazar al cigarrillo convencional.
Del mismo modo, el vapeo afecta negativamente el sistema cardiovascular mediante mecanismos fisiológicos similares a los del cigarrillo tradicional, afectando la función hemodinámica. La rápida absorción de nicotina a través de los pulmones, junto con la exposición a partículas ultrafinas, actúa como un potente desencadenante que altera el equilibrio vascular (6,7). Estos componentes activan el sistema nervioso simpático y generan estrés oxidativo en los vasos sanguíneos, iniciando un proceso de alteración vascular (3,6). Producto de esto, se produce un incremento progresivo de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la rigidez arterial, evidenciando una alteración funcional en el sistema cardiovascular (6). Por lo tanto, el uso prolongado de estos dispositivos acelera el desarrollo de aterosclerosis, aumentando significativamente la probabilidad de sufrir infartos de miocardio (6). Lo anterior pone en evidencia que el consumo de vapeadores representa un riesgo al incrementar la probabilidad de desarrollar enfermedades cardiovasculares y es un error grave considerarlos alternativas inocuas para reemplazar al cigarrillo tradicional.
Por otro parte, el consumo de estos dispositivos mantiene la adicción a la nicotina en lugar de eliminarla, agravando el problema de salud pública. Cabe resaltar que organismos internacionales como la OMS advierten que no existe evidencia suficiente para considerar estos dispositivos como herramientas efectivas para superar la adicción al cigarrillo tradicional (4). Al respecto, los datos estadísticos evidencian la existencia de un elevado número de «usuarios duales», es decir, personas que terminan consumiendo tanto cigarrillos electrónicos como tradicionales, lo que intensifica los riesgos para su salud (8). Además, el uso de sales de nicotina en los cigarrillos electrónicos permite inhalar concentraciones más altas sin la irritación típica, facilitando una dependencia neuroquímica más profunda (7). Estudios comparativos indican que la tasa de abandono del tabaco es significativamente menor en usuarios de cigarrillos electrónicos (14.2%) comparada con quienes no los usan (47.6%), esto demuestra que es ineficaz como terapia de reemplazo (8). Desde nuestro punto de vista, estos datos evidencian que el vapeo no elimina la adicción a la nicotina, sino que la refuerza bajo una aparente sensación de control.
El uso de los cigarrillos electrónicos favorece la iniciación al tabaquismo convencional, afectando especialmente a generaciones nuevas. Estudios longitudinales como el PATH evidencian que el vapeo aumenta las posibilidades de que un adolescente empiece a fumar tabaco convencional. (9). Además, la temprana exposición a la nicotina altera el desarrollo cerebral y normaliza el hábito de fumar, incrementando la probabilidad de mantener la adicción en el tiempo (7). Sin embargo, las cifras de consumo juvenil siguen en aumento, impulsadas por estrategias de marketing que utilizan saborizantes atractivos —como frutas y dulces— diseñados específicamente para enganchar a este grupo vulnerable (3,10). Con base en lo anteriormente analizado, sostenemos que el vapeo no es una medida de protección frente a la adicción al tabaco convencional, sino que actúa como un catalizador de dicho proceso, principalmente en adolescentes y jóvenes.
Rivera et al. (1) señalan que tanto el cigarrillo electrónico como el convencional generan alteraciones respiratorias significativas en niños y adolescentes, lo cual se relaciona con lo expuesto por Wu y Chiang (2), quienes indican que la exposición a los cigarrillos electrónicos afecta al sistema respiratorio mediante mecanismos de estrés oxidativo y disfunción celular. Asimismo, Toledo et al. (3) advierten la presencia de múltiples compuestos nocivos liberados durante el calentamiento de los e-líquidos; esto sustenta los hallazgos de Jiménez-Ruiz et al. (4) sobre cuadros pulmonares graves asociados al vapeo y la asociación con EPOC identificada por Shabil et al. (5). A su vez, Suryawan et al. (6) asocian el vapeo con la aparición de aterosclerosis y de disfunción endotelial. Por otro lado, Hedman et al. (8) muestran que el uso de estos dispositivos no favorece el abandono del tabaquismo. Hammond et al. (7) demuestran que los adolescentes que utilizan vapean presentan niveles significativos de exposición a nicotina, mientras que O’Brien et al. (9) evidencian que su uso los predispone al tabaquismo, lo cual se ve reforzado por mensajes digitales de médicos analizados por Gürsoy y Vatansever (10), que minimizan los riesgos del vapeo. A partir de lo mencionado por estos autores, interpretamos que los vapeadores no constituyen una opción segura frente al cigarrillo convencional, especialmente en las generaciones nuevas. Sin embargo, resulta pertinente cuestionar que la mayoría de los estudios revisados no corresponden a investigaciones a largo plazo en humanos (1-8), lo que plantea la interrogante de cuáles serán las consecuencias reales del vapeo tras una exposición prolongada durante décadas. Finalmente, los trabajos realizados por los autores aportan evidencia valiosa para esclarecer el impacto del vapeo y corresponden a estudios recientes; sin embargo, aún dejan vacíos que deberán ser abordados en futuras investigaciones.
En esencia, los cigarrillos electrónicos constituyen una opción perjudicial y no una solución segura frente al consumo de los cigarrillos tradicionales. Como se ha demostrado, estos dispositivos provocan daños en los sistemas respiratorio y cardiovascular, sostienen la adicción a la nicotina y favorecen el inicio del consumo de tabaco convencional, principalmente en adolescentes y jóvenes. Por ello, resulta urgente fortalecer las políticas de regulación y promover campañas educativas que desmientan la supuesta inocuidad de los cigarrillos electrónicos, esto para proteger la salud pública y prevenir que tanto los adolescentes como los jóvenes adopten prácticas que comprometan su bienestar a largo plazo. Asimismo, resulta necesario continuar investigando y difundiendo información científica respecto a los riesgos asociados al uso de vapeadores, permitiendo tomar decisiones informadas a la población.

Referencias bibliográficas
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EL SISTEMA ENDOCANNABINOIDE: UNA POTENCIAL HERRAMIENTA TERAPÉUTICA PARA LA EPILEPSIA REFRACTARIA

Alvarado Gaona, Evelyn Yaritzi
Boñón Julcamoro, José Adrian
Huaripata Tacilla, Yeny Jhoselin

La epilepsia se define clínicamente como un trastorno neurológico crónico caracterizado por una tendencia a generar crisis epilépticas, lo cual influye en la calidad de vida de los pacientes. En la actualidad, existe un índice elevado de la población afectada que padece Epilepsia Resistente a Fármacos (ERM). De hecho, es una enfermedad que llega a afectar aproximadamente a 50 millones de personas, mostrando así la falta de control terapéutico ante la poca eficacia de los tratamientos convencionales1. Dada esta incapacidad de la farmacoterapia convencional para tratar la epilepsia, surge la siguiente interrogante: ¿en qué medida la terapia mediante el sistema endocannabinoide demuestra una eficacia para tratar la epilepsia? Desde este punto de vista, la terapia mediante el uso del sistema endocannabinoide es una herramienta potencial para tratar la epilepsia.
La refractariedad clínica a los fármacos convencionales observada en epilepsias graves promueve la necesidad de terapias alternativas, posicionando a aquellas que modulan al sistema endocannabinoide como intervenciones eficaces2,3. Para comprender esta dinámica, es fundamental definir que la epilepsia no es solo un evento convulsivo, sino también un desbalance sináptico crónico que conlleva complicaciones clínicas severas derivadas de una excitabilidad neuronal incontrolable1-4. Frente a esta alteración, el sistema endocannabinoide (SEC) se conceptualiza como un mecanismo de neurorregulación homeostática capaz de restaurar el equilibrio, mostrando una eficacia frente a los desequilibrios osmóticos y neuroquímicos5,6. En consecuencia, la integración terapéutica de fitocannabinoides no es una forma de mitigar el desequilibrio interno producido por las convulsiones, sino una estrategia que ha demostrado ser eficaz al validar y potenciar la capacidad del SEC para estabilizar la actividad cerebral7, 8. Ante esto, resulta crucial el hecho que gran parte de la población padece epilepsia refractaria y la farmacoterapia no es capaz de ayudar a controlar las complicaciones clínicas de la epilepsia.
La alteración de los receptores cannabinoides genera una serie de reacciones químicas de los mecanismos neuroprotectores que mitigan directamente el daño estructural y funcional provocado por las convulsiones producto de la epilepsia3-8. En primer lugar, la activación de los receptores CB1 presinápticos inhibe la entrada de calcio, lo cual reduce en gran medida la liberación de glutamato teniendo como consecuencia directa la detención de la propagación de la descarga epiléptica hacia otras redes neuronales1-4. Al mismo tiempo, la estimulación de los receptores CB2 en las células gliales causa un bloqueo en la liberación de citoquinas proinflamatorias, interrumpiendo así el ciclo de neuroinflamación que perpetúa la cronicidad de la enfermedad5-9. Por otro lado, la interacción del SEC con canales de agua, específicamente la Aquaporina 4, favorece la reducción del edema cerebral post-crisis, un efecto que previene la muerte neuronal secundaria y el deterioro cognitivo asociado a las convulsiones prolongadas6. Por ello, es fundamental conocer y entender cuál es el rol de los receptores cannabinoides en nuestro sistema biológico porque nos ayuda a disminuir las secuelas que son producto de las convulsiones epilépticas refractarias.
La eficacia de la terapia endocannabinoide se ha consolidado mediante una fuerte reducción estadística de crisis en ensayos clínicos y su posterior validación por agencias regulatorias internacionales2-4. Específicamente, los datos de seis ensayos controlados aleatorizados demuestran una reducción de entre el 40% y el 50% en la frecuencia de crisis convulsivas mensuales en pacientes diagnosticados con síndromes de Dravet y Lennox-Gastaut tratados con CBD purificado2,3. Este respaldo estadístico fue determinante para que la aprobación del Epidiolex por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) marcara un hito histórico, hecho que valida el potencial terapéutico de los cannabinoides en encefalopatías epilépticas farmacorresistentes1-8. Asimismo, reportes clínicos indican que más del 87% de los cuidadores perciben una mejora sustancial en el bienestar general y el neurodesarrollo de los pacientes, confirmando con datos reales un perfil de seguridad favorable para el uso pediátrico3,4. Estos datos no son solo estadísticas, sino que representan una mejora significativa en la calidad de vida del paciente. Si la terapia mediante el sistema endocannabinoide logra reducir casi a la mitad los episodios críticos donde la medicina tradicional falló, ser reconocida por importantes instituciones de la salud y brindarle a la mayoría de pacientes un bienestar general, es necesario dejar de verla como una alternativa experimental, sino como una solución real.
La función del sistema endocannabinoide en el cerebro epiléptico puede compararse con un sistema de amortiguación diseñado para estabilizar el entorno neuronal ante las sobrecargas eléctricas3, 4. En este sentido, así como un vehículo requiere de un sistema de frenado automático para evitar colisiones ante un exceso de velocidad, el SEC actúa como un freno molecular que se activa específicamente ante el exceso de glutamato para prevenir el colapso sináptico3-5. De igual manera, si la epilepsia representa un cortocircuito en la red eléctrica cerebral, el SEC funciona como un regulador que disipa la energía excedente y protege las neuronas de un daño irreversible4-9. Bajo nuestra percepción, esta capacidad de autorregulación valida que el uso de cannabinoides externos no es una interferencia ajena, sino un refuerzo necesario para un mecanismo de defensa natural que ha sido superado por la intensidad de la enfermedad8-10. Lo anterior demuestra que el sistema endocannabinoide cumple un papel importante en la homeostasis interna de nuestro cuerpo ante las excesivas sobrecargas epilépticas con ayuda de cannabinoides externos que no perjudican a nuestro cuerpo.
La revisión de los artículos científicos permite realizar una valoración que trasciende la simple recopilación de éxitos terapéuticos, revelando una tensión científica entre el optimismo clínico y la complejidad neurobiológica. De este conjunto de investigaciones, autores como Calucho y Paredes2 y Cheung et al.10 presentan una postura sólida basada en la reducción notoria de crisis epiléptica en pediatría; sin embargo, esta visión se ve confrontada por el enfoque molecular propuesto por Rocha et al.9. Esta autora advierte que en cerebros con epilepsia farmacorresistente existe una alteración significativa en la densidad de receptores CB1, lo que compromete la viabilidad de una dosis universal sugerida en los reportes de Mukhtar et al.9 o Montebello y Di Giovanni3. Desde esta perspectiva, la discrepancia entre la mejoría sintomática y la realidad del tejido neuronal favorece el debate académico, pues demuestra que la eficacia clínica no debe ser un indicador de estandarización ciega, sino la oportunidad para identificar mejoras en la personalización de la terapia según las necesidades biológicas de cada paciente.
Bajo nuestra interpretación, estos artículos analizan mecanismos que desafían la farmacología tradicional, aportando una perspectiva sobre la reparación del entorno celular. Mientras Navarro5 y Zeng y Chen1 defienden la restauración del equilibrio sináptico como eje central, la inclusión de estudios sobre la regulación de células gliales de Egaña-Huguet et al.4 y el control del edema mencionado por Martínez-Torres et al.10 demuestra que el tratamiento posee un alcance neuroprotector importante. No obstante, esta complejidad deja un cuestionamiento al analizar la propuesta de Lourenço et al.7 sobre la neurogénesis: ¿en qué medida estos procesos de regeneración estructural observados a nivel celular pueden optimizarse para revertir el daño cognitivo acumulado en el paciente crónico? Identificamos la falta de estudios que integren la visión molecular de Rocha et al.9 con el bienestar reportado en Calucho y Paredes2, dejando una interrogante sobre el impacto en el neurodesarrollo a largo plazo. En definitiva, este análisis se torna una herramienta esencial, brindándonos el rigor necesario para comprender que la importancia del tratamiento reside en comprender las necesidades individuales del sistema endocannabinoide para ofrecer una solución integral para la epilepsia.
En conclusión, la evidencia científica confirma que la terapia mediante el uso del sistema endocannabinoide es una herramienta potencial para tratar la epilepsia, especialmente en cuadros clínicos complicados y en contextos donde la farmacoterapia convencional presenta limitaciones. Esta eficacia se fundamenta en la capacidad del sistema endocannabinoide (SEC) para actuar como un modulador homeostático que es capaz de mitigar la hiperexcitabilidad neuronal y la neuroinflamación que caracteriza a la epilepsia farmacorresistente. El valor de esta intervención no reside únicamente en la reducción estadística de crisis validada por organismos internacionales, sino en su potencial neuroprotector para reparar y prevenir el deterioro cognitivo persistente en pacientes pediátricos. Por lo tanto, la eficacia del sistema endocannabinoide en el control de crisis epilépticas es una realidad clínica; sin embargo, aún queda pendiente cuestionarnos qué otros estudios integren la visión molecular con el neurodesarrollo en humanos, además de incitar a la revisión científica analítica de literatura sobre los mecanismos y beneficios de la modulación del sistema endocannabinoide porque mediante este rigor científico se podrá transformar la esperanza terapéutica en una práctica clínica estandarizada que responda con eficacia a los desafíos de la refractariedad clínica de la epilepsia.

Referencias Bibliográficas
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LA PSILOCIBINA COMO HERRAMIENTA TERAPÉUTICA INNOVADORA EN LA PSIQUIATRÍA MODERNA

Castañeda Saldaña Cristopher Jhair
Correa Cabanillas Edwin Alexander
Huatay Carmona Cristhian Andres

En los últimos años, la salud mental se ha establecido como un problema principal en la sociedad actual, por el incremento constante de trastornos psicológicos, que de forma directa afecta al bienestar del individuo y población. Diferentes estudios y reportes recientes indican que, a pesar de los progresos logrados en la psiquiatría moderna, una cantidad importante de pacientes no responde de manera adecuada a los diferentes tratamientos de farmacología tradicional, específicamente en pacientes con depresión resistente, trastornos obsesivos-compulsivos y ansiedad crónica. En este contexto, se torna muy necesario volver a considerar los enfoques terapéuticos tradicionales e integrar alternativas que se basan en pruebas científicas rigurosas. De esto nace la siguiente incógnita, ¿la psilocibina podrá instaurarse como herramienta terapéutica eficaz frente a las limitaciones actuales del tratamiento psiquiátrico? En base a lo que se plantea, se sustenta que la psilocibina representa una opción terapéutica eficaz, segura e innovadora dentro de la psiquiatría moderna para el abordaje de trastornos obsesivo-compulsivo, depresión resistente y ansiedad.

La psilocibina muestra una significativa eficacia clínica en los tratamientos de diferentes trastornos mentales. Esta es una sustancia psicodélica de origen natural, presente en ciertos hongos, que actúa sobre el sistema nervioso central alterando la percepción, el estado de ánimo y los procesos cognitivos mediante su acción sobre los receptores de serotonina. La evidencia empírica disponible muestra de manera consistente que su administración en contextos clínicos controlados produce una reducción relevante de los síntomas depresivos, ansiosos y obsesivo-compulsivos en pacientes que no responden adecuadamente a los tratamientos convencionales. En este sentido, el estudio clínico realizado por Moreno et al. Documentó mejoras terapéuticas tempranas en pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo, observables desde la primera semana posterior a la intervención y mantenidas durante varios meses1. Además, estudios de investigación actual han reafirmado que estos resultados no se restringen al corto plazo, sino que muestran una permanencia temporal significativa cuando se ejecuta las intervenciones dentro de los protocolos clínicos rigurosos establecidos. De esta forma, los resultados alcanzados se consideran como hechos comprobables que sustentan su eficacia clínica de la psilocibina como opción terapéutica importante dentro de la psiquiatría moderna para el tratamiento de la depresión resistente y otros trastornos mentales.
La psilocibina opera en mecanismos neurobiológicos que benefician la neuroplasticidad cerebral. A partir de una orientación neurocientífica, dicha sustancia se metaboliza en psilocina, la cual actúa de forma directa con los receptores serotoninérgicos 5 — HT2A, genera modificaciones significativas en la formación y conexión de las redes neuronales. Como resultado, crece la flexibilidad cognitiva y emocional del paciente, elemento fundamental, en el tratamiento de trastornos afectivos constantes2. De acuerdo a Carhart — Harris, esta activación provoca una reestructuración funcional del cerebro que admite romper patrones de pensamientos rígidos relacionados a la depresión y la ansiedad3. Igualmente, Ly et al. Indicaron que la psilocibina puede estimular los mecanismos de neuroplasticidad tanto a nivel estructural y funcional, lo que manifiesta la permanencia de sus efectos terapéuticos más allá de la experiencia inmediata4. En efecto, estos procesos causales sostienen el carácter profundo y constante de la psilocibina y su potencial terapéutico en la psiquiatría moderna.

La experiencia subjetiva estimulada por la psilocibina favorece de forma significativa a la mejora psicológica del paciente. En diferentes circunstancias, dicha experiencia actúa como un mecanismo de reordenamiento interno que facilita al paciente observar su vida emocional y subjetiva desde un enfoque distinto, parecido a un reajuste de la interpretación con el que se afronta al sufrimiento personal5. Griffiths et al. Sostienen que dichas experiencias de introspección profunda posibilitan la resignificación del yo y de experiencias dolorosas emocionalmente, ocasionando efectos positivos mantenidos en el estado anímico y de la ansiedad6. De igual modo, en el caso de que la experiencia esté relacionada por un entorno terapéutico apropiado, el paciente consigue conformar los contenidos emergentes de modo constructivo, como si se tratase de un proceso guiado de reordenamiento emocional7. De esta manera, este componente vivencial afianza una perspectiva terapéutica más humana e integra en el tratamiento de la depresión resistente.
La psilocibina muestra un perfil de seguridad fiable en entornos clínicos controlados. En base a la literatura revisada, esta sustancia presenta baja toxicidad en el aspecto fisiológico y no estimula el sistema dopaminérgico de recompensa, lo cual minimiza considerablemente el riesgo de dependencia. Rucker y Davis señalan que, bajo control profesional, los efectos desfavorables registrados suelen ser ligeros y efímeros8,9. En este sentido, los estudios clínicos disponibles respaldan la tolerabilidad de la psilocibina cuando se emplea dentro de marcos terapéuticos regulados. Por consiguiente, su perfil de seguridad refuerza su consideración como una alternativa viable en la psiquiatría moderna.
El análisis conjunto de los diez estudios revisados evidencia un consenso creciente en torno al potencial terapéutico de la psilocibina dentro de la psiquiatría moderna, particularmente en trastornos mentales resistentes a tratamientos convencionales, otros documentan reducciones significativas y sostenidas de síntomas en depresión mayor, ansiedad asociada a enfermedades terminales y trastorno obsesivo-compulsivo, lo que refuerza la solidez empírica de esta sustancia cuando se administra bajo protocolos clínicos controlados. Al comparar las ideas de los autores, se muestran aspectos destacados en la manera en que sustentan la eficacia terapéutica de la psilocibina. Según Moreno et al. Enfocan su estudio en el trastorno obsesivo-compulsivo, resaltando mejoras clínicas tempranas, pese a las muestras reducidas, en tanto que, Carhart — Harris et al. Aumentan el ámbito al tratar la depresión resistente a los tratamientos, brindando un cuadro terapéutico más organizado que juntan las sustancias con soporte psicológico, lo cual fortifica la validez de sus resultados. Por el contrario, Davis et al. Ahondan en el tratamiento del trastorno depresivo mayor con una metodología más rigurosa, permitiendo una apreciación más concreta de la eficacia clínica en comparación a investigaciones preexistentes. Por otra parte, Ross et al. Y Griffiths et al. Enfatizan el impacto de la psilocibina en la ansiedad y depresión asociadas a enfermedades terminales, resaltando el componente experiencial y espiritual, aspecto que, si bien es clínicamente relevante, resulta menos generalizable a otros trastornos psiquiátricos. Desde un enfoque neurobiológico, Ly et al. Aportan evidencia mecanicista al demostrar que la psilocibina promueve la neuroplasticidad estructural y funcional, lo que complementa y refuerza los hallazgos clínicos, mientras que Mertens et al. Explican estos efectos desde cambios en el procesamiento emocional y la respuesta de la amígdala. Resulta oportuno realizar un cuestionamiento imparcial, por lo que es posible advertir que, aunque los autores coinciden mayoritariamente con la tesis de que la psilocibina constituye una herramienta prometedora en psiquiatría, persisten falencias relacionadas con el tamaño reducido de las muestras, la escasez de estudios longitudinales y la limitada diversidad poblacional, aspectos que relativizan la generalización de los resultados, tal como los trabajos de Carhart-Harris, Davis y Ly resultan los más sólidos para respaldar la tesis del ensayo debido a su coherencia entre resultados clínicos y fundamentos neurocientíficos; en cambio, estudios como los de Rucker et al. Y Johnson et al., aunque relevantes desde una perspectiva ética y de seguridad, aportan menos evidencia directa sobre eficacia terapéutica, ya que adoptan un enfoque más general y precautorio. Finalmente, desde una valoración académica, la lectura de los estudios empíricos y de la revisión sistemática de Andersen et al. Resulta altamente recomendable por su contribución directa al debate científico y su respaldo metodológico, mientras que los textos más teóricos o normativos funcionan mejor como complemento contextual que como pilares centrales para la defensa de la tesis.
En conclusión, el desarrollo del presente ensayo permite sostener que la psilocibina representa una alternativa terapéutica prometedora frente a las limitaciones de la psiquiatría tradicional en el tratamiento de trastornos obsesivo-compulsivo, depresión resistente y ansiedad. Los estudios revisados evidencian que su uso en contextos clínicos controlados produce mejoras significativas en síntomas depresivos, ansiosos y obsesivo-compulsivos, con efectos que pueden mantenerse en el tiempo. Asimismo, los mecanismos neurobiológicos asociados a la psilocibina, particularmente su acción sobre los receptores serotoninérgicos y la neuroplasticidad cerebral, ayudan a comprender la profundidad de sus efectos terapéuticos. A ello se suma el valor de la experiencia subjetiva que esta sustancia induce, la cual favorece procesos de introspección y resignificación personal que contribuyen al bienestar psicológico del paciente cuando existe un adecuado acompañamiento profesional. Finalmente, la evidencia disponible señala que la psilocibina presenta un perfil de seguridad favorable bajo supervisión clínica, lo que refuerza su viabilidad como opción terapéutica. No obstante, resulta necesario continuar ampliando la investigación científica y establecer marcos regulatorios claros que permitan integrar su uso de manera responsable dentro de la psiquiatría moderna.

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MOOD ANGELS COMO HERRAMIENTA DE APOYO CLÍNICO: OPTIMIZACIÓN DIAGNÓSTICA Y RESPONSABILIDAD ÉTICA EN LA PSIQUIATRÍA ACTUAL

Mestanza Limay Sandra Elizabeth
Pinedo Vasquez Giuliana Kristell
Rodriguez Yzquierdo Miguel Ángel

Así como la secuenciación genómica revolucionó la medicina al permitir identificar alteraciones moleculares no visibles en el diagnóstico tradicional, la inteligencia artificial se perfila hoy como una herramienta capaz de detectar patrones neurofisiológicos que escapan a la observación clínica en el campo de la salud mental¹. En la psiquiatría contemporánea, los trastornos neuropsiquiátricos constituyen un desafío diagnóstico debido a su complejidad y a la limitada objetividad de muchos de sus criterios evaluativos, lo que ha impulsado la búsqueda de tecnologías que fortalezcan la precisión médica. Dentro de este panorama surge MoodAngels, un sistema basado en modelos de machine learning y eci learning que analiza señales cerebrales para apoyar la identificación temprana de alteraciones neuropsiquiátricas y favorecer en las decisiones clínicas más complicadas. Sin embargo, su incorporación en la práctica médica también plantea interrogantes éticas y profesionales relacionadas con la supervisión humana y la responsabilidad clínica; por ello, en el presente ensayo se sostiene que el uso de MoodAngels optimiza el diagnóstico de trastornos neuropsiquiátricos, siempre que se utilice como complemento del juicio médico y bajo principios éticos que salvaguarden la seguridad del paciente. En consecuencia, este ensayo examina su potencial tecnológico junto con los principales desafíos éticos y legales derivados de su aplicación en la medicina actual.
En la psiquiatría actual, MoodAngels, definido como un sistema de inteligencia artificial basado en modelos de machine learning y eci learning para el análisis integrado de señales neurofisiológicas, se posiciona como una herramienta de apoyo al diagnóstico que permite mejorar la detección de trastornos neuropsiquiátricos, representando un avance significativo en la práctica clínica contemporánea; Por ello, se sostiene que el uso de MoodAngels optimiza el diagnóstico de los trastornos neuropsiquiátricos. Primero, se presenta un marco para la fusión visual de datos de neuroimagen funcional con señales neurofisiológicas (fMRI, que permite observar la actividad cerebral a través de cambios en la oxigenación de la sangre, y EEG, técnica que mide la actividad eléctrica cortical con alta resolución temporal); este esquema, basado en modelos de aprendizaje profundo, según Baydili et al. (2025), hace posible “extraer representaciones jerárquicas complejas a partir de señales biomédicas multimodales” 2. En segundo lugar, tal combinación permite investigar patrones neurobiológicos sutiles que pueden ser pasados por alto en la evaluación clínica estándar, lo que está en línea con los hallazgos de Squires et al. (2023), quienes indican que “los modelos de machine learning en EEG y neuroimagen pueden discriminar trastornos psiquiátricos con mayor sensibilidad que la propia evaluación clínica”3; adicionalmente, Aliagha y Zohari (2025) concluyen que “los métodos de eci learning poseen un alto potencial para distinguir depresión de esquizofrenia basados en patrones neurofisiológicos”4. En tercer lugar, revisiones sistemáticas de Rony et al. (2025) reportan que estas metodologías “potencian la extracción automatizada de biomarcadores neuropsiquiátricos, alcanzando precisiones diagnósticas superiores al 80 %” 5.
En consecuencia, MoodAngels no sustituye el juicio clínico del profesional de la salud, sino que lo complementa. De hecho, favorece la detección temprana, las terapias individuales y la reducción de errores diagnósticos, en coherencia con el enfoque de la psiquiatría de precisión basada en datos. A pesar de su indiscutible potencial técnico, el uso de MoodAngels debe someterse a un examen riguroso, pues, como advierten los expertos en bioética, la innovación sin control puede derivar en la vulneración de derechos. Martinez-Martin y sus colaboradores5 sostienen con firmeza que los principales dilemas éticos giran en torno a la privacidad mental y al riesgo de discriminación algorítmica cuando los datos de entrenamiento contienen errores ocultos. Para mitigar estos riesgos, expertos como Amann et al.5 señalan la necesidad necesaria de aplicar marcos éticos robustos, como el IEACP, que priorizan la transparencia y la ecisión a del algoritmo, evitando así las peligrosas “cajas negras” como diagnostico. Por otro lado, desde la perspectiva de la ética del cuidado, Kerasidou6 argumenta que la tecnología nunca debe sustituir la dimensión humana del acto médico. Es deir, el rol del médico es insustituible y que estas herramientas deben servir, sobre todo, para ahorrar tiempo administrativo, permitiendo al profesional centrarse en la empatía, la escucha y el acompañamiento, preservando así la esencia de la relación terapéutica. El uso de MoodAngels en el diagnóstico neuropsiquiátrico también plantea un problema central relacionado con la responsabilidad legal y profesional ante posibles errores clínicos, ya que estos sistemas pueden generar diagnósticos imprecisos que afecten la salud mental y fisiológica del paciente. En primer lugar, uno de los principales escenarios de riesgo corresponde a fallas del algoritmo, como errores que pueden ser tomados como verdades o viceversa, que podrían conducir a tratamientos farmacológicos innecesarios o a la omisión de una intervención médica oportuna. Según Blease et al.7, el excesivo uso de estos sistemas automatizados en casos ecisión puede comprometer la seguridad del paciente y debilitar la confianza en la relación médico-paciente. En segundo lugar, Gerke, Minssen y Cohen8 sostienen que la inteligencia artificial carece de responsabilidad moral y jurídica propia, por lo que los errores clínicos deben ser atribuidos a los doctores involucrados, lo que justifica la implementación de modelos de responsabilidad compartida. Asimismo, Price, Gerke y Cohen9 destacan la necesidad de establecer esquemas de responsabilidad diferenciada que delimiten con claridad las obligaciones del médico, la institución sanitaria y los desarrolladores del sistema.
Finalmente, Hofweber et al.10 y Vayena et al.11 coinciden en que la implementación clínica de la inteligencia artificial exige una regulación mixta que articule los principios de la bioética médica con los marcos legales de la ecisión a, garantizando la supervisión humana, la transparencia algorítmica y la protección integral del paciente. Un caso clínico que permite ejemplificar el uso de MoodAngels puede comprenderse mediante una analogía con los sistemas de inteligencia artificial empleados actualmente en la detección temprana de trastornos depresivos. Así como el estetoscopio amplifica sonidos cardíacos imperceptibles, los algoritmos de aprendizaje profundo amplifican patrones neurobiológicos sutiles que no siempre son identificables durante la evaluación clínica tradicional. En el estudio referido, la inteligencia artificial analizó de manera grupal la resonancia magnética funcional y electroencefalografía, logrando identificar alteraciones en la conectividad entre la amígdala y la corteza prefrontal ventromedial, estructuras clave en la regulación emocional, alcanzando niveles de precisión diagnóstica cercanos al 85–87 %. De manera análoga, MoodAngels operaría como un instrumento de apoyo que transforma grandes volúmenes de datos neurofisiológicos en información clínicamente interpretable. No obstante, los autores advierten que esta analogía solo es válida cuando el sistema actúa como herramienta complementaria y no como decisor autónomo, ya que la interpretación final debe recaer en el médico tratante12.
Haciendo un análisis comparativo de los autores, hay una gran diferencia entre los que se enfocan en la parte técnica de la inteligencia artificial y los que dan más importancia a los factores éticos y legales al momento de hacer los diagnósticos. Pues, por un lado Baydili et al. (2025)2 nos dicen que los modelos de “ eci learning”, propios de Mood Angels, permiten organizar la información para que se puedan identificar los patrones de actividad cerebral, a la vez esto es reforzado por Squires et al. (2023)3, los cuales mencionan que los métodos de “machine learning», propios también de la inteligencia artificial en cuestión, basándose en el EEG y neuroimagen entonces se obtienen mejores resultados a comparación de aquellos que se realizan cotidianamente. De una manera similar, Mansoor et al. (2025)12, nos muestran que aquellos casos clínicos psiquiátricos que reciben fMRI (imágenes de resonancia funcional del cerebro)son más propensos a que sean diagnosticados rápidamente, mientras que las propuestas por Rony et al. (2025)4 y el diseño de Mood Angels, demuestra que la inteligencia artificial es una herramienta de apoyo capaz de mejorar la precisión del diagnóstico.
Sin embargo, de manera crítica, Amann et al. (2020)5 también señalan que, si no se puede explicar cómo funcionan estos sistemas pueden volverse inservibles a la hora de realizar la práctica clínica, Kerasidou (2021)6 también sugiere que un uso inadecuado de Mood Angels puede hacer que la medicina pierda su lado humano, afectando de esta manera la empatía y la relación del médico con su paciente y familiares. Además, Blease et al. (2023)7 advierten que confiar de más en sistemas automatizados para tomar decisiones médicas puede debilitar la confianza entre médicos y pacientes y así disminuir la responsabilidad del profesional, una preocupación que también es mencionada por Gerke et al. (2022)8,9 Price et al., Hofweber et al. (2024)10 y Vayena et al. (2024)11 quienes señalan la necesidad de reglas claras y de una responsabilidad compartida entre todos los involucrados, solo así se permite entender que MoodAngels no mejora el diagnóstico solo por su algoritmo, sino porque funciona junto con la supervisión de los médicos.
No obstante, dentro de este contexto aparece una pregunta clave que pone en discusión la viabilidad de la tesis “¿es posible afirmar que MoodAngels mejora el diagnóstico de enfermedades neuropsiquiátricas si los sistemas de salud aún no garantizan formación en ética y habilidades digitales, explicaciones claras de los algoritmos y responsabilidades legales bien definidas ante posibles errores clínicos?”. En síntesis, el análisis crítico confirma la tesis, pues Baydili et al., Squires et al., Mansoor et al. Y Rony et al. Evidencian que MoodAngels puede mejorar la precisión diagnóstica y disminuir la incertidumbre clínica; Sin embargo, esta mejora solo es posible cuando, como advierten Amann, Kerasidou y Blease, la inteligencia artificial se utiliza con transparencia, supervisión humana y protección del paciente. Estos aspectos son fundamentales para que MoodAngels pueda integrarse de manera ética, responsable y sostenible en la práctica clínica.
En conclusión, todo lo dicho permite ratificar que el uso de MoodAngels optimiza el diagnóstico de las enfermedades neuropsiquiátricas cuando se la utiliza como una herramienta de apoyo médico, basada en patrones avanzados de estudios algorítmicos y supervisión médica constante. Además, la evidencia que se analizó párrafos anteriores nos muestra que las grandes tecnologías de la inteligencia artificial destinadas al reconocimiento de patrones neurofisiológicos complejos refuerzan la interpretación de la información médica, lo que contribuye a tener una mayor precisión en el diagnóstico y en la detección temprana de trastornos neuropsiquiátricos, reduciendo así la dependencia restringida de evaluaciones tradicionales y estudios clínicos propios de hospitales o consultorios. Asimismo, se hace uso de principios éticos para que los algoritmos de la inteligencia artificial en mención sean transparentes y los datos que se obtienen puedan ser entendidos de manera sencilla a la interpretación tanto de los médicos como de a la de los pacientes, sumado siempre a la supervisión humana y empatía médica ya que resulta indispensable para no obtener resultados automáticos, deshumanizados o confusos. En este sentido, todos estos aspectos muestran que los desafíos tecnológicos y éticos asociados al uso de la inteligencia artifical en el diagnostico de trastornos neuropsiquiátricos no limitan su utilidad en la práctica clínica, sino que permiten que su aplicación sea efectiva y sostenible. Por ello, se hace una invitación al lector para seguir profundizando en el uso de MoodAngels asociado a diagnósticos médicos neuropsiquiátricos que pueden llegar a marcar una diferencia notable en la calidad de vida de los pacientes y sus familiares, y así lograr fortalecer una psiquiatría que integre la tecnología, la responsabilidad médica y la confianza del paciente.

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EUTANASIA Y PRÁCTICA MÉDICA: LÍMITES IMPUESTOS POR LA INCOMPRENSIÓN PROFESIONAL

Bobadilla Vigo, Alejandra Medaly
Peralta Quiroz, Lucía Nicool

La práctica médica contemporánea se encuentra inmersa en diversos problemas clínicos y bioéticos, entre los cuales existe uno que reviste una particular relevancia deontológica, bioética y antropológica: las decisiones terapéuticas en pacientes en fase terminal; pues confrontan al equipo asistencial con el sufrimiento humano una vez agotadas las opciones curativas. En estas circunstancias, no siempre resulta inequívoco el proceder clínico ante la condición terminal de un paciente, lo que propicia ambivalencia y desafíos en la toma de decisiones médicas. Tal como señalan Parra Gavilanes y Vallejo Martínez, en este contexto se impone la necesidad de atender al sufrimiento, manifiesto en expresiones como “ya no puedo más”1, frecuentes en pacientes con patologías crónicas en fase terminal, lo que coloca al personal sanitario frente a decisiones éticamente complejas, conforme a principios de beneficencia y no maleficiencia2. Ante esta situación surge la siguiente interrogante: ¿es la comprensión de la eutanasia la que obstaculiza la toma de decisiones en la etapa terminal del paciente? Consideramos que la deficiente comprensión de la eutanasia por parte del personal de salud obstaculiza su implementación en pacientes terminales.
En primer término, según Sergio Ramos Pozón, la eutanasia se define como la acción u omisión intencional de terminar con la vida del paciente que presenta una enfermedad grave irreversible por compasión médica y a petición expresa de este para terminar con su sufrimiento o malestar3. La definición de Ramos es una de las más comunes. Sin embargo, existen más definiciones surgidas a partir de la clasificación entre eutanasia pasiva y eutanasia activa que dan lugar a confusiones conceptuales y cierto pánico al tratar con el término, lo que termina convirtiéndose en un obstáculo para la toma de decisiones y el actuar del personal de salud ante la etapa terminal de su paciente. Esto se evidencia en cómo para la eutanasia activa, que hace alusión a la acción médica para producir una muerte sin dolor, existen clasificaciones que utilizan expresiones atemorizantes como “homicidio intencional” o “suicidio”; y para la pasiva, que se relaciona con el retiro de tratamientos o medicación, surgen ideas engañosas e inexactas2,4. Entre las diversas confusiones conceptuales surgidas, la que tiene con la sedación paliativa ha generado un debate global ético entre ambas prácticas, llegando a considerarla una forma de eutanasia “razonable” y frenando muchas veces la acción del personal de salud en esta a pesar de la existencia de diversas revisiones que demuestran las diferencias entre ambas prácticas5,6.
Asimismo, diversas investigaciones demuestran que el desconocimiento de los protocolos legales y éticos sobre la eutanasia condiciona la toma de decisiones del personal de salud. En el estudio realizado en 2019 en el Hospital Central de Maracay (Venezuela), el 80,49 % de los profesionales presentó un nivel solo medio de conocimiento, mientras que solo el 12,30 % alcanzó un nivel alto, lo que revela vacíos normativos relevantes para la práctica clínica7. De manera concordante, un estudio cualitativo realizado en España en 2015 evidenció la ausencia de consenso sobre la evaluación de la capacidad del paciente, lo que deriva en indefinición de responsabilidades y postergación de decisiones clínicas8. En conjunto, estos hechos muestran que la falta de conocimiento protocolar constituye un factor verificable que restringe una actuación médica oportuna orientada al bienestar del paciente, y, en consecuencia, se confirma que hay una mayor dificultad en la toma de decisión del médico en la intervención que tendrá con el paciente terminal si no presenta el conocimiento adecuado sobre la eutanasia.
Por otro lado, en otros dilemas clínicos complejos existe una distancia entre la aceptación teórica de principios éticos y su aplicación práctica, los estudios sobre eutanasia evidencian un patrón análogo en el personal de salud. En el estudio realizado en 2019 en el Hospital Central de Maracay (Venezuela), el 63,27 % de los profesionales manifestó una actitud favorable hacia la eutanasia, pero el 80,49 % presentó solo un nivel medio de conocimiento ético-legal, lo que limita su actuación clínica3. De manera similar, un estudio multicéntrico en España reportó que el 68,18 % de los profesionales afirmó no verse influenciado por creencias morales o religiosas, mientras que solo el 50,91 % se mostró dispuesto a aplicarla para aliviar el sufrimiento, evidenciando una brecha entre convicción y acción9. Por lo tanto, al igual que en otros conflictos bioéticos donde el consenso teórico no se traduce en decisiones clínicas claras, una conciencia ética incompleta influye directamente en el actuar del personal de salud frente a la eutanasia, lo que demuestra, además, que le es difícil identificar la mejor opción para el paciente terminal aun cuando tiene una postura clara a favor de la eutanasia.
Del mismo modo, la falta de comprensión de la eutanasia por parte del personal de salud causa la necesidad de una mejora en la formación médica que permita manejar mejor los asuntos relacionados con esta práctica médica. Una baja comprensión conceptual genera falta de empatía cognitiva, lo cual puede llevar a la toma de decisiones crueles10. Además, el médico debe tener una buena educación sobre el final de la vida no solo para tomar la mejor decisión, sino también para poder cumplir bien el rol de explicar pedagógicamente a los pacientes y familias asuntos como la diferenciación de la eutanasia con la sedación paliativa4. Es así que diversos autores mencionan el requerimiento de cursos para el personal de salud sobre definiciones precisas, protocolo éticos y organizaciones como LORE/SECPAL que permitan estructurar la formación esencial para juicios valorativos en terminalidad, demostrándose así que la comprensión de la eutanasia es básica en la formación de los médicos para permitir un mejor desempeño de la ética y vocación médica en búsqueda del bienestar del paciente 3,8,10.
A la luz de lo precedentemente expuesto, Ramos Pozón y Dubón Peniche coinciden en las definiciones bioéticas amplias de eutanasia, imperando la activa y la pasiva; sin embargo, centran su investigación en el bienestar y la dignidad del paciente dejando pasar desapercibidas las vicisitudes del personal sanitario. Por otro lado, Porta Sales y Casas Martínez exigen distinciones ontológicas rigurosas entre sedación paliativa y eutanasia para habilitar la aplicación de esta última sin ambigüedades letales; mientras D’Amico López, Rodríguez Leal, Crusat Abellóa y Monforte Royo cuantifican conjuntamente conocimientos y percepciones eclécticas en médicos y enfermeras, agotando evidencias empíricas de confusiones conceptuales sin alcanzar un consenso práctico. Desde esta perspectiva, pese a la solidez de los marcos teóricos, persiste una brecha infranqueable entre la ética especulativa y la práctica clínica, exacerbando la parálisis profesional ante la terminalidad conforme a nuestra tesis central. Surgen entonces las interrogantes de si influye la especialidad médica en la perspectiva sobre la eutanasia, es esta una opción facultativa o una imposición imperativa, o qué tan delimitados deben estar los escenarios específicos para su ejecución. Merece destacarse, no obstante, considerar y escudriñar estas fuentes por su rigor descriptivo y datos fundacionales, sobre todo en el caso de los estudios de D’Amico, Rodríguez, Crusat Y Monforte; sin embargo, se puede encontrar un sesgo cualitativo-teórico que las relega a insuficiencia para prescripciones operativas, clamando por indagaciones longitudinales prácticas. Esta dinámica se ilustra en Porta Sales, que, aunque reflexiona y destaca los roles en torno a la sedación paliativa, la eutanasia y la necesidad de informarse más sobre ambos procesos, nos brinda soluciones específicas ante la problemática de tomar decisiones para el paciente terminal. Resulta paradigmático el caso de Ramos Pozón, quien llega a ser una buena fuente para el análisis de cuestiones conceptuales y éticas relacionadas con la eutanasia debido a que ha realizado varias investigaciones en torno al tema; y, además, empatiza mucho, no solo con el paciente, sino también con el equipo médico.
En consecuencia, el personal de salud que cuenta con una aprehensión conceptual, ética y normativa adecuada de la eutanasia enfrenta menos dificultades para decidir cómo intervenir ante la fase agónica de sus pacientes, lo que reafirma que la falta de comprensión de esta práctica constituye un factor limitante cardinal para su implementación. A lo largo de este análisis se evidenció que las confusiones conceptuales en torno a la eutanasia, el desconocimiento de protocolos orientadores, la brecha entre aceptación teórica y actuación clínica, así como el impacto formativo de estas carencias, configuran un escenario que limita el discernimiento clínico orientado al alivio del sufrimiento. En este sentido, un dominio conceptual y protocolar sobre la eutanasia resulta de vital importancia para el ejercicio profesional médico cuando este se orienta al bienestar del paciente, pues, como señalan Parra Gavilanes y Vallejo Martínez, existe una “obligación ética de proporcionar opciones para aliviar ese sufrimiento”, especialmente en contextos de enfermedad terminal1. Así, fortalecer la comprensión conceptual y ética de la eutanasia en la formación y práctica del personal de salud no solo constituye una necesidad académica, sino una responsabilidad inherente al ejercicio médico comprometido con la dignidad del paciente.

Referencias Bibliográficas
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LA CIRUGÍA1 ESTÉTICA EN ADOLESCENTES: UNA TRANSGRESIÓN ÉTICA EN CUERPOS EN DESARROLLO

Limay Culqui, Alondra Veronica
Mego Gavidia, Cynthya Paola

En la actualidad, la cirugía estética ha dejado de ser una práctica excepcional para convertirse en una opción cada vez más accesible y socialmente aceptada, incluso en etapas tempranas de la vida. Este fenómeno ha generado un intenso debate ético, médico y social, debido a las implicancias que conlleva intervenir quirúrgicamente a menores de edad. Si bien estas prácticas suelen justificarse bajo el argumento del bienestar emocional, diversos estudios evidencian riesgos clínicos relevantes, limitaciones en la capacidad de consentimiento informado y una fuerte influencia de factores externos como la presión social y los estándares estéticos. En este sentido, el presente ensayo sostiene que la cirugía plástica constituye una transgresión ética grave que compromete la integridad física y psicológica en los adolescentes
La persistencia de la cirugía estética en menores, evidencia que esta práctica sigue siendo común en la medicina contemporánea. En las últimas décadas, las cirugías estéticas en menores de edad han estado orientadas a la modificación de rasgos físicos específicos, lo que ha incrementado su visibilidad y controversia social. De acuerdo con la American Society of Plastic Surgeons, aunque el número de procedimientos estéticos realizados en adolescentes ha disminuido de forma relativa desde inicios del siglo XXI, estas intervenciones continúan generando un debate significativo. La ASPS informó que en 2002 se realizaron 220.077 procedimientos (3,2 % del total), en 2006 fueron 178.041 (1,6 %), en 2011 se registraron 131.877 (1,4 %) y en 2012, 130.502 procedimientos (1,3 %) (9). Asimismo, se observa una mayor prevalencia en el sexo femenino, siendo el aumento mamario la cirugía más frecuente, seguido de procedimientos como liposucción, rinoplastia, blefaroplastia y abdominoplastia. Esta tendencia confirma la continuidad de las intervenciones estéticas en edades tempranas y plantea serios cuestionamientos sobre su validez ética y las implicancias que conllevan.
El cuestionamiento ético de las cirugías estéticas en menores de edad radica en la validez del consentimiento informado por parte del adolescente. Al encontrarse en pleno desarrollo físico y psicológico, los adolescentes no cuentan con fundamento para comprender de manera integral los riesgos y consecuencias a largo plazo de una intervención quirúrgica (3, 4). En este contexto, la responsabilidad ética del cirujano juega un papel determinante en estos procedimientos, ya que su conducta profesional debe priorizar el bienestar del paciente por encima de ganancias económicas o expectativas estéticas. Aceptar realizar procedimientos cosméticos en menores implica asumir riesgos, lo que constituye una decisión moral compleja que, en algunos casos, podría derivar en consecuencias jurídicas, especialmente si se considera la autonomía limitada del paciente (5). Es en este sentido, que el médico está obligado a proteger tanto la integridad física, psicológica y moral de su paciente en la operación (9).
La inmadurez física y psicológica del adolescente es una barrera crítica que debería impedir la ejecución de cualquier intervención estética. Desde una perspectiva biológica, operar a un organismo en desarrollo es muy riesgoso, ya que los tejidos blandos y las estructuras óseas aún no alcanzan su maduración final. Según el artículo del PubMed Central (PMC), esta condición podría transformar una supuesta mejora en una asimetría irreversible durante el crecimiento posterior (6). Asimismo, en el aspecto psicológico, la ciencia demuestra que el adolescente presenta una amígdala hiperactiva y una corteza prefrontal inmadura (8). Dicha inestabilidad limita su capacidad de juicio, favoreciendo a tomar decisiones impulsivas por presión social sin observar consecuencias a largo plazo. Esta vulnerabilidad se confirma con datos de artículos donde el bullying escolar es el motivador principal, sumándole a que un 10% de los pacientes sufre de trastorno dismórfico corporal (7,8).
Las controversias éticas en estas cirugías son resultado de complicaciones severas o incluso desenlaces fatales. Pues, los riesgos son significativos, incluyendo complicaciones menores como seromas, hematomas o infecciones que alcanzan el 10-15% de los casos, hasta peligros mayores como el tromboembolismo pulmonar (TEP), responsable del 57% de las muertes relacionadas. Además, a estas amenazas se suma la probabilidad de reacciones severas por la anestesia, o la hipotermia intraoperatoria, que puede desencadenar arritmias y coagulopatías debido a la alta tasa de reintervención en jóvenes, dado que el crecimiento corporal termina alterando los resultados iniciales. Finalmente, la ineficacia de estas prácticas se evidencia en que un 30% de los pacientes reporta insatisfacción a los dos años. Esto se debe a que un 80% de los jóvenes son motivados por factores externos, poniendo en tela de juicio la validez del consentimiento informado y sugiere que se prioriza una autonomía no consolidada sobre la integridad física (1,10).
Si bien la American Society of Plastic Surgeons muestran la gran prevalencia de estos procedimientos, especialmente en mujeres jóvenes (9), autores como Hedman (2) observan que, la disminución en la cantidad de intervenciones podría reflejar una creciente preocupación. En contraste, autores como García y Rivero resaltan la imposibilidad de un consentimiento informado válido, dada la inmadurez presente en los adolescentes (3,4). Además, las complicaciones asociadas a estos procedimientos, como las descritas en los estudios de Nazar y Chung, demuestran los riesgos inherentes a intervenir a un cuerpo en desarrollo (5,6). Tal como lo evidencian los datos de Suryawan et al. (8), esto pone en tela de juicio si realmente se está priorizando la salud integral del paciente o la satisfacción de demandas estéticas externas. En este contexto, la responsabilidad del cirujano y la importancia de priorizar el bienestar del paciente son claves en estos debates (1,10). A partir de lo mencionado por los autores podemos interpretar que, aunque los avances en cirugía estética son indiscutibles, la intervención en menores debe ser evaluada con cautela, debido a los riesgos que puede conllevar esta. De igual modo, el cuestionamiento radica en si los adolescentes tienen la madurez necesaria para decidir sobre cambios permanentes en su cuerpo. Basado en esto se considera que los médicos tienen una responsabilidad ética y profesional de garantizar que cualquier intervención realizada debe ser segura y respete la autonomía del paciente, que en el caso de los menores es aún incompleta. Asimismo, la valoración crítica de estas prácticas sugiere que el incremento de la presión social y las expectativas de belleza pueden estar incidiendo de manera negativa, promoviendo una estética superficial sobre el bienestar integral del joven.
En síntesis, las cirugías plásticas en adolescentes constituyen un problema ético severo, impactando negativamente en su desarrollo psicológico y físico. Por ello, la práctica médica debe evolucionar hacia un modelo de protección que trascienda la simple ejecución de procedimientos por ganancias. Esta postura se sostiene en la necesidad de proteger la integridad del menor frente al lucro de la medicina, priorizando la maduración física sobre cualquier modificación ilusoria irreversible. Asimismo, se establece que el deber profesional no reside en satisfacer deseos transitorios, sino en garantizar que la salud física y mental sea el eje de toda intervención clínica en jóvenes. En consecuencia, se invita a profundizar en el estudio de los dilemas éticos que enfrenta el cirujano, al equilibrar la autonomía del paciente con el deber de no maleficencia en menores de edad.

Referencias Bibliográficas
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8. American Medical Association. Teenagers and cosmetic surgery. AMA J Ethics. 2005 Mar;7(3):201-4. doi: 10.1001/virtualmentor.2005.7.3.oped1-0503.
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LA TERAPIA ELECTROCONVULSIVA COMO OPCIÓN TERAPÉUTICA EN LA DEPRESIÓN RESISTENTE: MÁS ALLÁ DE LA FARMACOTERAPIA

Romero Marín Marleni Yuliana.
Sánchez Mamani Lesly

La depresión resistente representa uno de los mayores desafíos en el ámbito de la salud mental, debido a la persistencia de los síntomas a pesar de la administración adecuada de múltiples tratamientos farmacológicos. Esta enfermedad no solo implica un sufrimiento persistente para el paciente, sino que también se vincula con una mayor frecuencia de episodios depresivos, deterioro funcional progresivo y un aumento del riesgo de conducta suicida. Ante las limitaciones del abordaje exclusivamente farmacológico, la terapia electroconvulsiva (TEC) ha adquirido relevancia progresiva como una alternativa terapéutica eficaz, respaldada por evidencia científica y recomendaciones de guías clínicas internacionales, aunque aún marcada por estigmas y percepciones sociales negativas. En este contexto, el presente ensayo examina de manera crítica la eficacia de la terapia electroconvulsiva frente al abordaje farmacológico tradicional y plantea que, en la depresión resistente, esta intervención alcanza resultados clínicos más favorables, lo que justifica su consideración como una alternativa terapéutica prioritaria.
La TEC se reconoce como una estrategia terapéutica con resultados clínicos beneficiosos en personas con depresión resistente, particularmente cuando se contrasta con el abordaje farmacológico tradicional. Desde el punto de vista médico, este tratamiento consiste en la inducción controlada de una actividad convulsiva a través de estimulación eléctrica cerebral, procedimiento que se realiza en condiciones hospitalarias especializadas, bajo anestesia general y con relajación neuromuscular, lo que garantiza su seguridad clínica (1). En este contexto, la depresión resistente se define como una forma de trastorno depresivo mayor caracterizada por la ausencia de respuesta clínica tras la administración adecuada de al menos dos esquemas farmacológicos distintos, es una enfermedad vinculada a síntomas afectivos, cognitivos y somáticos (2). Por su parte, los psicofármacos se entienden como medicamentos utilizados en psiquiatría para modificar la actividad cerebral mediante la acción sobre neurotransmisores, particularmente los antidepresivos, los cuales, en pacientes con depresión resistente, suelen mostrar una eficacia limitada, lo que hace necesaria la consideración de intervenciones con un mecanismo de neuromodulación más amplio y directo, como la terapia electroconvulsiva (3).

La eficacia superior de la terapia electroconvulsiva se relaciona con su mecanismo de acción neuromodulador, el cual provoca una serie de cambios neurofisiológicos que impactan tanto en la estructura como en la función cerebral. Entre estos efectos, resalta el aumento de la neuroplasticidad en regiones clave implicadas en la regulación emocional, como el hipocampo y la corteza cingulada anterior (1). De este modo, la activación de estos mecanismos favorece la regulación conjunta de diversos sistemas de neurotransmisión, lo que posibilita una intervención más integral y eficaz sobre la fisiopatología de la depresión resistente. Este proceso se refleja en un mejor desempeño clínico, dado que la TEC alcanza tasas de respuesta que oscilan entre el 70 % y el 90 %, así como niveles de remisión de hasta el 69,6 %, valores que superan de manera significativa los resultados obtenidos con el uso de antidepresivos y esketamina (4).Asimismo, la terapia electroconvulsiva se asocia a una disminución significativa de la conducta suicida y del riesgo de muerte en individuos que padecen depresión resistente, alcanzando reducciones del 34 %, un beneficio que no ha sido reproducido por otras modalidades terapéuticas (5). De este modo, la asociación entre su acción neuromoduladora y los resultados clínicos observados sustenta su consideración como tratamiento de primera línea.
El contraste entre la terapia electroconvulsiva (TEC) y el tratamiento psicofarmacológico en la depresión resistente, a partir de una analogía clínica, permite identificar con claridad la ventaja terapéutica de la primera. En términos comparativos, la TEC puede equipararse a una intervención médica de carácter resolutivo, dado que ejerce una acción neuromoduladora amplia y de inicio rápido, mientras que los antidepresivos actúan de forma no totalizadora y progresiva sobre sistemas neuroquímicos específicos (1). Desde esta misma perspectiva, los antidepresivos, como la ketamina y la esketamina, si bien generan un alivio sintomático inmediato, suelen asociarse a una duración limitada del efecto y a tasas elevadas de recaída, en contraste con la TEC, que logra una respuesta clínica más estable y sostenida en el tiempo (6). Asimismo, aunque la TEC puede implicar un mayor costo inicial, su impacto a mediano y largo plazo resulta más favorable, al traducirse en un mejor rendimiento costo-utilidad, expresado en un mayor número de años de vida ajustados por calidad (AVAC) y en la reducción de hospitalizaciones y reingresos (3). En conjunto, estos elementos respaldan que la TEC representa una alternativa terapéutica más eficaz y sostenible que las estrategias farmacológicas en el manejo de la depresión resistente.

La evidencia científica actual y el respaldo de organismos internacionales han permitido aclarar las dudas existentes sobre la seguridad de la terapia electroconvulsiva (TEC) en su uso moderno. Guías clínicas, como las de la Asociación Americana de Psiquiatría, recomiendan su aplicación y señalan que, cuando se emplean técnicas actuales como los pulsos ultracortos y la estimulación unilateral, los efectos sobre la cognición suelen ser leves y transitorios, sin evidencia de daño estructural en el cerebro (6). Estas recomendaciones se basan en estudios que incluyen evaluaciones formales de la memoria antes y después del tratamiento; por ejemplo, investigaciones que utilizaron el Test de Aprendizaje Verbal Auditivo de Rey (RAVLT) tras 12 sesiones de TEC no evidenciaron un deterioro cognitivo significativo (7). Finalmente, las autoridades especializadas coinciden en que las principales limitaciones para el uso de la TEC no se relacionan con riesgos clínicos demostrados, sino con el estigma social y la desinformación persistente, factores que continúan restringiendo su aplicación incluso en pacientes con depresión resistente, pese a su eficacia y seguridad ampliamente documentadas (10).
La información revisada permite establecer una relación directa entre la alta eficacia clínica de la terapia electroconvulsiva (TEC) y su persistente subutilización en la depresión resistente. En este sentido, los resultados reportados por Subramanian et al. confirman que las tasas de remisión obtenidas con la TEC superan de manera consistente a las alcanzadas con psicofármacos tradicionales (1), hallazgo que se ve reforzado por Gallardo e Ivanov, quienes destacan su papel prioritario en cuadros depresivos de elevada severidad y complejidad clínica (8). A partir de estos resultados, Odermatt et al. amplían el análisis al demostrar que el impacto de la TEC trasciende el alivio sintomático, al asociarse con una reducción significativa del riesgo suicida y de la mortalidad global (5). Esta solidez clínica se ve respaldada por los análisis de Degerlund Maldi et al., quienes evidencian una relación costo-utilidad favorable frente a alternativas farmacológicas de alto costo (3), así como por los hallazgos de Castaño Ramírez et al. y Anand et al., que descartan un deterioro cognitivo relevante y confirman la estabilidad de sus beneficios terapéuticos en el tiempo (6,7). No obstante, como señala Barchas, la limitada implementación de la terapia electroconvulsiva se explica menos por la evidencia científica disponible y más por el estigma reforzado por representaciones mediáticas distorsionadas, lo que hace necesario un rol activo del ámbito clínico y académico en su desmitificación (10). En conjunto, los hallazgos analizados respaldan que la terapia electroconvulsiva integra de manera consistente eficacia terapéutica, viabilidad económica y un perfil de seguridad cognitiva aceptable. Pese a ello, su uso limitado en la práctica clínica parece estar condicionado principalmente por factores ajenos a la evidencia científica y más por estigmas atribuidos. A partir de este análisis, puede sostenerse que la superioridad clínica de la terapia electroconvulsiva se relaciona con su capacidad para inducir respuestas terapéuticas más rápidas y duraderas, lo que se traduce en mayores tasas de remisión, menor frecuencia de recaídas y una disminución del riesgo de mortalidad, beneficios que no se alcanzan de manera consistente con el tratamiento farmacológico en la depresión resistente. Sin embargo, resulta pertinente reflexionar sobre el impacto que el estigma ha tenido tanto en su incorporación oportuna dentro de los esquemas terapéuticos como en la limitada producción de estudios longitudinales centrados en la experiencia del paciente. En este marco, y considerando la concordancia entre la evidencia clínica, económica y de seguridad disponible, se sostiene que la terapia electroconvulsiva debería ocupar un lugar de mayor relevancia en el abordaje de la depresión resistente, al constituir una alternativa terapéutica prioritaria y más eficaz que los psicofármacos, con beneficios sostenidos en el tiempo.
Como síntesis argumentativa, la evidencia analizada a lo largo del ensayo permite afirmar que la terapia electroconvulsiva constituye una alternativa terapéutica más eficaz que el tratamiento farmacológico en la depresión mayor resistente. Su mecanismo de acción neuromodulador posibilita una intervención más amplia sobre la fisiopatología depresiva, lo que se traduce en una respuesta clínica más rápida, mayores tasas de remisión y menor riesgo de recaída. Asimismo, la comparación con los psicofármacos evidencia que la terapia electroconvulsiva ofrece beneficios más sostenidos, junto con un perfil de seguridad adecuado, caracterizado por efectos cognitivos leves y reversibles y respaldado por guías clínicas internacionales. No obstante, su limitada aplicación clínica obedece principalmente a factores extraclínicos, en especial al estigma persistente, el cual como advierte Barchas distorsiona el juicio clínico, retrasa tratamientos eficaces y restringe el acceso a intervenciones potencialmente vitales, señalando que “la única vergüenza reside en permitir que los prejuicios controlen la práctica clínica” (10). En este sentido, resulta necesario promover la incorporación más temprana de la terapia electroconvulsiva en servicios especializados, mediante protocolos actualizados y una formación profesional sustentada en la evidencia, con el fin de consolidar una atención en salud mental alineada con los avances científicos actuales.

Referencias Bibliográficas
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LA EDICIÓN GENÉTICA EN EL TRATAMIENTO DE ENFERMEDADES HEREDITARIAS

Núñez Herrera Jhonnathan
Verastegui Ocho Bruno

Un desafío constante para la medicina han sido las enfermedades hereditarias, ya que gran parte de estas se originan en alteraciones genéticas que afectan el desarrollo y la calidad de vida de quienes las padecen, y cuyo manejo se ha centrado principalmente en el tratamiento de los síntomas y la prevención de complicaciones, sin intervenir sobre el origen de las mismas. En este contexto, el desarrollo en biotecnología ha permitido el avance de la edición genética, que abre nuevas posibilidades para el manejo de estas enfermedades y generan un debate científico sobre su aplicación clínica. La edición genética representa una innovación médica capaz de corregir las causas moleculares de enfermedades hereditarias, al permitir intervenciones más precisas, preventivas y orientadas a mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pacientes.
En primer lugar, la tecnología CRISPR-Cas9 se define como una herramienta de edición genética que permite identificar y manipular cadenas específicas del ADN humano de manera controlada¹. Este sistema se basa en un ARN guía (ARNg o sgRNA) que reconoce una región definida del ADN y conduce a la enzima Cas9 hacia el punto exacto donde se realiza la edición del gen². En ese sentido, CRISPR-Cas9 constituye una intervención diseñada para corregir mutaciones especificas responsables de enfermedades hereditarias³. Al permitir la corrección directa del material genético alterado, esta tecnología redefine el manejo médico de las enfermedades genéticas, ya que actúa sobre el “error” en la secuencia del ADN que origina la enfermedad.
En segundo lugar, distintos estudios científicos sostienen a la edición genética de embriones humanos como una estrategia preventiva capaz de evitar la transmisión de mutaciones hereditarias. Zhang, Yin y Zhou sostienen que la edición genética (CRISPR-Cas9) en embriones humanos permite corregir “errores” genéticos antes del desarrollo de los embriones, evitando que estas se hereden a futuras generaciones⁴. De manera complementaria, Bekaert et al. Afirman que la edición del genoma germinal posee un carácter preventivo, ya que elimina la mutación desde su origen biológico y no en etapas posteriores de la vida⁵. Asimismo, Giono destaca que este enfoque representa una forma de medicina preventiva de largo plazo, orientada a asegurar una descendencia libre de patologías hereditarias⁶. Los resultados de las investigaciones consolidan a la edición genética en embriones como una alternativa científica dentro de la medicina moderna.
En tercer lugar, la aplicación médica de la edición genética ha generado el desarrollo de nuevas terapias para enfermedades hereditarias debido a su capacidad para corregir directamente sus causas moleculares. Al modificar genes específicos responsables de trastornos como la anemia falciforme o la beta-talasemia, la edición genética produce una corrección del ADN, lo que conlleva una reducción significativa de los casos clínicos⁷. Como consecuencia de esta corrección molecular, los pacientes experimentan mejoras sostenidas en su estado de salud y calidad de vida⁸. Además, al intervenir sobre el origen genético del problema y no únicamente sobre sus manifestaciones, estas terapias disminuyen la progresión de la enfermedad y amplían las posibilidades de tratamiento para patologías previamente consideradas incurables⁹⁻¹⁰. Por ello, la edición genética se posiciona como una alternativa en la transformación del tratamiento médico de las enfermedades hereditarias.
En cuarto lugar, la edición genética está cambiando el enfoque tradicional de la medicina al transformar el tratamiento de los síntomas en una intervención preventiva y causal (“error” en el ADN). A diferencia de la medicina tradicional, que se centra en el alivio de síntomas, la edición genética permite intervenir directamente sobre el origen genético de las enfermedades hereditarias. Esta transformación sostiene un nuevo paradigma en la medicina, en el que se prioriza la prevención genética frente al tratamiento paliativo⁹. Además, varios estudios destacan que esta transformación de la perspectiva médica tiene un impacto importante para la práctica clínica moderna¹⁰.
Por último, Ibáñez et al.¹ señalan que la tecnología CRISPR-Cas9 permite modificar secuencias específicas del ADN con alta precisión, lo que se relaciona con lo expuesto por Ahumada Ayala et al.², quienes destacan su capacidad para corregir mutaciones responsables de enfermedades hereditarias a nivel molecular. Asimismo, Kolanu³ advierte que, pese a su potencial terapéutico, la edición genética aún presenta limitaciones técnicas y riesgos que deben ser considerados antes de su aplicación clínica generalizada, lo cual matiza el optimismo planteado por los autores anteriores. Por otro lado, Zhang et al.⁴ demuestran que la edición genética germinal en embriones humanos puede prevenir la transmisión de mutaciones graves, perspectiva que es complementada por Bekaert et al.⁵, quienes reconocen su valor preventivo a largo plazo, aunque enfatizan la necesidad de regulación ética y científica, postura que coincide parcialmente con lo planteado por Giono⁶. A su vez, Frangoul et al.⁷ evidencian resultados clínicos favorables en el tratamiento de enfermedades hereditarias como la anemia falciforme mediante edición genética, hallazgos que son respaldados por Li et al.⁸, quienes explican estos beneficios desde la corrección directa de las alteraciones moleculares, y por Lim et al.⁹, quienes reportan mejoras funcionales sostenidas en patologías genéticas específicas. A partir de lo señalado por los autores, se interpreta que la edición genética constituye una innovación médica con capacidad real para intervenir sobre el origen molecular de las enfermedades hereditarias. No obstante, resulta pertinente cuestionar que gran parte de la evidencia disponible proviene de estudios recientes o con poblaciones limitadas (1–9), lo que plantea la interrogante sobre la seguridad y eficacia de estas intervenciones a largo plazo. Finalmente, los trabajos revisados aportan evidencia científica relevante y actualizada que respalda el potencial de la edición genética; sin embargo, aún existen vacíos que deberán ser abordados mediante investigaciones futuras antes de su implementación clínica amplia.
En conclusión, el análisis anterior permite reafirmar que la edición genética constituye una alternativa viable en el tratamiento de enfermedades hereditarias, porque establece una nueva solución basada en la corrección directa de las alteraciones genéticas responsables de dichas enfermedades, tal como se evidenció a través del estudio de la precisión de tecnologías como CRISPR-Cas9, su potencial preventivo mediante la edición genética de embriones y su aplicación clínica en enfermedades que se consideraban incurables. Sin embargo, a pesar de los resultados prometedores, en los estudios sostiene que aún existen limitaciones técnicas y de seguridad que deben ser evaluadas antes de su implementación clínica en general; por ello, desde una postura crítica, se considera que la edición genética debe asumirse como una herramienta complementaria y progresiva dentro de la práctica médica, cuyo beneficio real dependerá del fortalecimiento de la evidencia científica, la regulación ética y un enfoque humano orientado al bienestar del paciente y de la sociedad.

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LA MUTACIÓN DEL GEN ACVR1 CAUSA LA FIBRODISPLASIA OSIFICANTE PROGRESIVA: EVIDENCIA GENÉTICA Y CLÍNICA ACTUAL

Bardales Ortiz Víctor Enrique
Ocas Vera Kleyder Arturo
Sotelo Vasquez Michael Steve

Imagina una enfermedad donde tu propio cuerpo te traiciona y se convierte en una prisión de hueso. Esta es la fibrodisplasia osificante progresiva, una enfermedad genética exageradamente rara. Dicha enfermedad se manifiesta en la formación progresiva de hueso heterotópico, osteogénesis en lugares donde generalmente no debería suceder: tejidos blandos, músculos, tendones, ligamentos, fascias [1,2]. Tampoco está presente en el nacimiento, sino que progresa lentamente en la infancia temprana. Como resultado, conduce a una incapacidad progresiva grave y difusa, es decir, movilidad casi cero y, en cierto modo, menor calidad de vida [1,2].
Conforme progresa la enfermedad, conduce a rigidez articular, deformidades posturales y alteraciones respiratorias. En la mayoría de pacientes, incluso puede presentarse la muerte temprana por insuficiencia torácica aguda o neumonía [1,2,6]. Durante décadas, el origen de esta patología resultó poco comprendido y poco claro; sin embargo, varios estudios genéticos y clínicos han identificado alteraciones moleculares específicas relacionadas de manera constante con su desarrollo [3,7,8].
La evidencia científica actual confirma que la mutación del gen ACVR1 tiene una relación causal directa con la aparición y progresión de la FOP y, por tanto, se considera su base genética principal [2,7,8].
La mutación del gen ACVR1 define, en esencia, el origen genético de la FOP. El gen ACVR1, también conocido como ALK2, es un receptor de tipo I del factor de crecimiento de la transformación beta familia prototipo factor MOP ortopedia BMP, cuya activación por BMP es clave en la regulación normal del desarrollo esquelético y la formación del hueso, un proceso delicadamente controlado. Y si es así, entonces bajo condiciones fisiológicas, la señalización regulada por el receptor mantiene un control casi milimétrico sobre ella e inhibe hasta el nivel aprobado también para minimizar una diferenciación adecuada del cartílago y el hueso a través del embrión, pero igualmente relevante en el periodo postnatal. En el caso de la FOP, la mutación c.617G>A p.R206H en el gen ACVR1 y, en escasas ocasiones, otras mutaciones en el mismo gen, causan una señalización anómala a través de la vía BMP [2, 3, 7]. La señalización osteogénica es excesiva e insensible a la regulación fisiológica, por lo que la mutación hace que la capacidad de respuesta del hueso a los estímulos esté totalmente en todo el tejido conectivo [7, 8]. Como consecuencia de este fenómeno, se produce la formación de hueso en el tejido blando, intercedida por osificación endocondral, que es una característica esencial de la FOP y resulta en la sustitución progresiva de músculos y tejidos conectivos por hueso maduro [1, 3].
La mutación en ACVR1 causa directamente la progresión clínica de la fibrodisplasia osificante progresiva. Una mutación en el nivel celular da como resultado dicha progresión, esto debido a una reacción exagerada en respuesta a estímulos leves inflamatorios irritantes, como lesiones mínimas, inyecciones intramusculares pequeñas o patógenos basados en virus. Tales estímulos no producirían osificación en seres humanos sanos, pero provocarían la inflamación y luego la formación de hueso heterotópico en las personas con FOP. Además, la señalización anormal intervenida por ACVR1 conduce a la diferenciación inadecuada de células mesenquimales a categorías osteoblásticas y condrocíticas en tejidos que normalmente no experimentan osteogénesis o condrogénesis [5,7]. Estudios experimentales realizados en ratones prueban la distribución anormal de células progenitoras articulares después de la exposición a la mutación y su papel en trastornos de formación articular debido al retraso de la maduración avanzada [5]. El resultado clínico es la osificación progresiva que limita paulatinamente los movimientos y deriva en anquilosis articular y deterioro funcional severo con la pérdida de capacidad de caminar en la adolescencia, esto basándose en que muchos pacientes están confinados en sillas de ruedas.
La comunidad científica respalda rotundamente la mutación en el gen ACVR1 como una causa primaria de FOP. En la FOP típica, más del 90% de los pacientes presentan la mutación R206H ACVR1. Es una mutación específica del gen que se encuentra en pacientes con formas esporádicas y hereditarias de FOP [3,4,8]. Diversos estudios experimentales y de casos clínicos corroboran que el receptor ACVR1 ha sido identificado como el eje céntrico de la fisiopatología de la FOP, y su activación anómala induce la osificación heterotópica al activar el mecanismo dependiente de BMP y activina A [7,8]. Del mismo modo, los actuales ensayos clínicos y tratamientos médicos se enfocan en evitar procedimientos invasivos (cirugía, vacunación excesiva, etc), los cuales empeorarían la condición del paciente; además de desarrollar terapias específicas contra la señalización alterada del receptor ACVR1, lo que refuerza el reconocimiento de su origen genético para el manejo clínico de la enfermedad [2,6,8].
El enfoque genético actual supera a las definiciones médicas tradicionales sobre la FOP. En un principio se creía que la enfermedad era producida por traumatismos repentinos, procesos inflamatorios o neoplasias de tejidos blandos, lo que llevaba a biopsias y cirugías que, lejos de obtener óptimos resultados, agravaban la osificación [1,6]. Es relevante destacar que la evidencia genética demuestra que, si bien los traumatismos e inflamaciones son factores desencadenantes, el causante latente es la mutación del gen ACVR1, la cual lleva a la FOP [2,7]. Este hallazgo constituye una prueba de que los estímulos externos solo son efectivos bajo una condición fisiológica genética predefinida. Esto ha sido una innovación decisiva para el tratamiento con diagnóstico temprano, identificado con malformaciones congénitas, confirmado genéticamente y con tratamiento clínico, focalizado en lo posible en evitar intervenciones perjudiciales y promover una mejor calidad de vida [1,4,6,8].
La fibrodisplasia osificante progresiva es una enfermedad genética muy rara y discapacitante. La comunidad científica la reconoce por su curso clínico, que se caracteriza por la osificación heterotópica progresiva y problemas funcionales graves. Hay muchos estudios que coinciden en que el problema comienza con una mutación en el gen ACVR1. Esto hace que la señalización de la proteína morfogenética ósea se active de manera anormal, lo que a su vez favorece que los tejidos blandos se conviertan en hueso. Esto explica por qué la enfermedad avanza y por qué algunas personas nacen con malformaciones en el dedo gordo del pie. [2,4,5,7,8]. Sin embargo, surge la controversia de si un enfoque únicamente genético es suficiente para entender la variabilidad clínica observada, considerando que factores inflamatorios y traumáticos se muestran como desencadenantes en pacientes genéticamente predispuestos [6,7]. Desde una postura crítica, se sugiere un abordaje interdisciplinario, que integre los hallazgos moleculares con una práctica clínica cautelosa, para así permitir un diagnóstico oportuno y prevenir intervenciones iatrogénicas que lleguen a agudizar la enfermedad [1,2,6,8].
El reconocimiento de la fibrodisplasia osificante progresiva como una enfermedad causada por genes es un paso adelante en entenderla y tratarla. Esto ha permitido que los médicos se enfoquen en métodos más seguros para prevenir problemas, evitando procedimientos que podrían empeorar la osificación heterotópica y priorizando el bienestar del paciente. Además, estudiar la mutación del gen ACVR1 ha impulsado la investigación de tratamientos específicos que pueden actuar directamente en la vía de señalización alterada. Así, comprender la base genética de la enfermedad no solo aporta a entender su fisiopatología, sino que también nos muestra otras perspectivas para un diagnóstico oportuno, un tratamiento más eficaz y una mejora en la calidad de vida de los pacientes, mediante un abordaje integral e interdisciplinario.

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HACIA UNA ERA SIN ANTIBIÓTICOS EFICACES: LA RESISTENCIA MICROBIANA COMO AMENAZA SANITARIA

Leiva Pérez, Jorge Alessandro Jared
Vásquez Álvarez, Diego Josué

En las últimas décadas, el uso de antibióticos ha permitido tratar con eficacia numerosas infecciones y enfermedades que anteriormente causaban graves complicaciones e incluso la muerte. Sin embargo, su uso inadecuado en la medicina y factores como la automedicación, la prescripción innecesaria y su uso excesivo en la agricultura han favorecido la aparición de microorganismos capaces de resistir sus efectos, lo que produce ciertas consecuencias en los sistemas de salud como un tratamiento menos efectivo de enfermedades comunes. Este fenómeno, conocido como resistencia microbiana, se ha convertido en un problema global. En este contexto nos planteamos la siguiente cuestión ¿el aumento de la resistencia microbiana a los antibióticos debido a su uso inadecuado representa una amenaza grave para la salud pública? Al respecto, consideramos que sí constituye una amenaza. A continuación, se expondrán los argumentos que respaldan nuestra postura.
En primer lugar, diversos estudios científicos demuestran que la resistencia microbiana la han adoptado bacterias de alta relevancia clínica, lo que hace más difícil el control de las enfermedades e infecciones en los sistemas de salud. López Gamboa et al. señalan que Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Klebsiella pneumoniae han desarrollado mecanismos de resistencia, lo que reduce la eficacia de los antibióticos normalmente usados para tratar las enfermedades que estos producen (7). El problema se agrava en los hospitales, en donde al observar la alta resistencia de bacterias como la Klebsiella pneumoniae a la ampicilina hace que sea mucho más difícil el tratamiento, aumentando el costo de este y la tasa de mortalidad (2). Asimismo, García-Henao et al. evidencian la presencia de bacterias multirresistentes y sumamente prevalentes en pacientes vulnerables, como neonatos hospitalizados, aumentando el riesgo de complicaciones (4). En consecuencia, estos hallazgos confirman que el uso inadecuado de antibióticos ha convertido a la resistencia microbiana en una amenaza para la salud pública.
En segundo lugar, la resistencia microbiana causa problemas de alcance mundial: reduce las posibilidades de tratamiento eficaz de enfermedades, nos obliga a utilizar medicamentos costosos y prolonga el tiempo de agonía (3). Los antibióticos de uso común dejan de ser eficaces, lo que reduce las posibilidades de que un tratamiento funcione adecuadamente, dificultando el control de infecciones habituales (2,3). Esta situación nos conduce al empleo de fármacos, como la colistina, para los cuales las bacterias no hayan adquirido resistencia; sin embargo, estos son más costosos y tóxicos para los pacientes (3,4). Además, la dificultad para tratar infecciones comunes incrementa las hospitalizaciones y las complicaciones clínicas, afectando tanto al individuo como al sistema de salud (5,10). De este modo, la resistencia microbiana, reduce la capacidad médica para controlar enfermedades infecciosas.
En tercer lugar, la resistencia antimicrobiana puede compararse con un tratamiento médico que deja de surtir efecto mientras la enfermedad continúa avanzando. Así como un antibiótico ineficaz no logra controlar una infección, la medicina moderna pierde capacidad de respuesta cuando no se desarrollan nuevos fármacos frente a bacterias resistentes. Vanegas-Múnera y Jiménez-Quiceno señalan que la falta de incentivos para la investigación de nuevos antibióticos ha generado un vacío terapéutico que agrava este problema (10). Esta situación se relaciona con proyecciones alarmantes, ya que para 2050 la resistencia antimicrobiana podría causar hasta 10 millones de muertes anuales, superando incluso al cáncer (2). En este contexto, procedimientos como cirugías, quimioterapias y trasplantes se vuelven altamente riesgosos al depender del uso de antibióticos eficaces para prevenir infecciones (10). Por lo tanto, la resistencia microbiana constituye una amenaza grave para la salud pública.
Por último, se ha comprobado que la resistencia microbiana se esparce más allá del campo clínico y se mantiene activa en el ambiente con base en estudios científicos. Moreno-Valencia y Muñoz-Rojas mencionaron la presencia de antibióticos en el agua y suelo, los cuales promueven la selección y permanencia de bacterias resistentes (8). Así, Barrantes Jiménez et al. afirman que este tipo de ecosistemas también actúan como reservorios de genes de resistencia, los cuales pueden transferirse entre bacterias (1). Asimismo, Vanegas-Múnera y Jiménez-Quiceno documentan que la utilización de antibióticos en el sector ganadero facilita la transmisión de bacterias resistentes a los humanos a través de comestibles (10). Como se mencionó anteriormente en la revisión de la literatura, estos hechos demuestran que la resistencia microbiana es una fuerza en constante expansión en el medio ambiente, lo que indica una verdadera preocupación para la seguridad pública.
Al realizar un análisis detallado de los autores revisados, Moreno-Valencia et al. y Barrantes Jiménez et al. definen el problema desde un punto de vista crítico, junto con sus causas y posibles consecuencias; ambos abordan y coinciden en la relación que existe entre la resistencia microbiana y los residuos farmacéuticos liberados en el medio ambiente (1,8). Por su parte, Fariña y González Mendoza brindan soluciones específicas, como la prescripción responsable por parte de los médicos y el uso adecuado de antibióticos por parte de los pacientes (3,5). Asimismo, González Ponce y García-Henao et al. aportan información basada en estudios realizados en hospitales: González Ponce señala que una cantidad considerable de personas que consumieron antibióticos en un año específico lo hicieron por autoprescripción o recomendación externa, mientras que García-Henao et al. evidencian la alta resistencia desarrollada por bacterias como Klebsiella pneumoniae; ambos coinciden en que la resistencia tiene un origen claramente marcado en el uso inadecuado de antibióticos (4,6). De igual manera, López Gamboa et al., Camacho Silvas y Vanegas-Múnera y Jiménez-Quiceno analizan los mecanismos de resistencia desarrollados por las bacterias como consecuencia del uso inadecuado de antibióticos, así como la influencia de la pandemia en la aceleración de este fenómeno, señalando que la convergencia de estos factores conduce progresivamente hacia una era post-antibiótica (2,7,10). Por su parte, Santaella Palma et al. abordan la resistencia microbiana desde el ámbito odontológico, al describir la formación de cepas resistentes en el microbioma oral y proponer posibles medidas de control (9). En definitiva, aunque cada autor analiza el problema desde perspectivas distintas, la integración de sus aportes permite comprender de manera más completa este fenómeno, identificar sus causas, consecuencias, mecanismos de resistencia y evaluar críticamente las soluciones propuestas; esto nos permite interpretar que el aumento de la resistencia microbiana sí representa una amenaza grave para la salud pública. No obstante, al contrastar las propuestas, identificamos un vacío importante en el enfoque de los autores revisados. Si bien Barrantes Jiménez et al., González Mendoza y Camacho Silvas insisten en que la solución radica en la educación, la regulación estricta y las políticas públicas, no queda claro cómo se pueden implementar estas estrategias de manera efectiva en sistemas de salud con recursos limitados, ni presentan evidencia cuantitativa concreta que garantice el éxito de dichas intervenciones en nuestra realidad. Ante esto, cabe preguntarse si son realmente viables y suficientes las soluciones teóricas que proponen estos investigadores para frenar una crisis tan avanzada si no se detalla su viabilidad económica y operativa en el contexto actual A pesar de esta limitación práctica, consideramos que sí vale la pena seguir leyendo y consultando a estos autores. Nuestra valoración es positiva porque, más allá de los vacíos en la ejecución, logran fundamentar la gravedad de la amenaza y nos alertan sobre la inminente “era post-antibiótica” descrita por Vanegas-Múnera y Jiménez-Quiceno. En efecto, se evidencia la importancia de estos artículos, ya que nos alertan acerca de las posibles consecuencias y soluciones que presenta este fenómeno global; sin embargo, existen algunos artículos como el de Barrantes Jiménez et al., el cual, más allá de brindar cierta información acerca del problema, se queda corto al hablarnos de las consecuencias de dicho fenómeno.
Para concluir, el aumento de la resistencia microbiana a los antibióticos como resultado del uso inadecuado de los mismos es, de hecho, una amenaza muy real para la salud pública. En la experimentación que se realizó a lo largo de este ensayo, existe cierta prueba de la presencia de bacteria resistentes de importancia médica, de la reducción de la eficacia de los antibióticos y de la amenaza de entrar en una era post-antibiótica, lo que, en conjunto, desempeñará un papel mucho más grande en incapacitando la capacidad de tratar un número creciente de infecciones comunes. Del mismo modo, este estudio ha demostrado que el problema a la vez supera los límites de los hospitales y se extiende a los alrededores y los animales en ellos, lo que favorece la propagación de la resistencia y aumenta sus consecuencias. Así, el uso responsable de los antibióticos, la mejora de la educación sanitaria y la introducción de medidas reguladoras más duras deben defenderse activamente, ya que solo entonces será posible detener el avance del problema de resistencia y proteger la población.

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6. González Ponce FM. Conocimientos, actitudes y prácticas sobre el uso de antibióticos y la resistencia antimicrobiana en pacientes y médicos de centros de salud de atención primaria de Lima norte, 2014-2015 [tesis de licenciatura en Internet]. Lima: Universidad Peruana Cayetano Heredia; 2017 [citado 11 de octubre de 2025]. Disponible en: https://repositorio.upch.edu.pe/handle/20.500.12866/638
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9. Santaella Palma LE, Bazurto Quinteros MJ, Ramírez Sánchez KM. Impacto de la resistencia bacteriana en la elección de antibióticos en odontología: una revisión de las tendencias actuales. Más VITA Rev Cienc Salud [Internet]. 2024 [citado 11 de octubre de 2025];6(1):55-66. Disponible en: https://doi.org/10.47606/ACVEN/MV0227
10. Vanegas-Múnera JM, Jiménez-Quiceno JN. Resistencia antimicrobiana en el siglo XXI: ¿hacia una era postantibiótica? Rev Fac Nac Salud Pública [Internet]. 2020 [citado 11 de octubre de 2025];38(1):e337759. Disponible en: https://doi.org/10.17533/udea.rfnsp.v38n1e337759


EL USO DEL VISCUM ALBUM COMO TERAPIA COMPLEMENTARIA EN ONCOLOGÍA

Rabanal Huaripata, Silvana Cristhina
Vásquez Cerquin, Alicia Beatriz

El cáncer continúa representando uno de los mayores desafíos para los sistemas de salud a nivel mundial no solo por su elevada mortalidad, sino también por el impacto físico, emocional y social que genera en quienes lo padecen. Si bien la quimioterapia constituye una de las estrategias terapéuticas fundamentales del tratamiento oncológico, su uso se asocia con efectos secundarios significativos que afectan la tolerancia terapéutica y la calidad de vida del paciente. En este contexto, ha surgido un interés por integrar estrategias complementarias que permitan mitigar estos efectos sin interferir con la eficacia del tratamiento convencional. Dentro de este marco, los productos naturales han adquirido relevancia en la investigación oncológica debido a su diversidad biológica y a su potencial terapéutico. Entre ellos, el Viscum album ha sido objeto de múltiples estudios que exploran sus propiedades fitomedicinales así como su impacto clínico durante el tratamiento oncológico. A partir de ello, se analiza el uso del extracto de muérdago como tratamiento complementario en pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia mejora la calidad de vida y reduce los efectos secundarios.
El Viscum album se define como una planta medicinal con una evidencia biológica comprobada mediante investigaciones que sustentan su uso como tratamiento complementario en pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia mejorando la calidad de vida y reduciendo los efectos secundarios. Entre sus principales componentes bioactivos destacan las lectinas y viscotoxinas, las cuales, según estudios preclínicos y clínicos, presentan efectos antitumorales, inmunomoduladores y antioxidantes ¹,⁴. De manera específica, la lectina de muérdago constituye un complejo heteroprotéico formado por cadenas A y B unidas por un enlace disulfuro, capaz de inhibir la síntesis protéica ribosomal y de unirse a glucoproteínas de la superficie celular ². Estos mecanismos facilitan su ingreso a las células tumorales y contribuyen a la inhibición del crecimiento neoplásico.
El uso del extracto de muérdago favorece una respuesta terapéutica complementaria debido a su capacidad para inducir muerte celular inmunogénica (ICD), mecanismo que activa el sistema inmunitario frente a células cancerosas residuales¹. Este proceso ocurre como consecuencia del estrés del retículo endoplasmático, el cual provoca la exposición de calreticulina en la membrana de células tumorales y la liberación de ATP como señal de alerta inmunológica ¹. Debido a ello, el sistema inmune reconoce con mayor eficacia a las células malignas y desencadena una respuesta antitumoral específica. En consecuencia, como señalan Hong y Lyu¹, esta activación inmunológica contribuye a un mejor control de la enfermedad durante la quimioterapia, reduciendo la intensidad de algunos efectos secundarios asociados al tratamiento.
Diversos estudios científicos respaldan el papel inmunomodulador del Viscum album como terapia complementaria en oncología. Investigaciones recientes han demostrado su capacidad para activar monocitos, macrófagos, granulocitos, células NK y linfocitos T cooperadores, fortaleciendo de manera integral la respuesta inmune del paciente ¹,⁹. Asimismo, Hong y Lyu y Fonseca et al. ⁴ señalan que el muérdago estabiliza el ADN, reduce el daño cromosómico y mejora los mecanismos de reparación celular, limitando así la progresión tumoral. A ello se suma la inhibición de genes asociados a la proliferación, motilidad e invasión celular, así como, la inducción de apoptosis en células cancerosas ²,⁴.
Evidentemente, la eficacia clínica del extracto de muérdago se refleja de manera consistente en la mejora de la calidad de vida de los pacientes oncológicos. El metaanálisis de Loef y Walach, junto con estudios posteriores, evidencia beneficios significativos en el aspecto social y la reducción de síntomas como dolor, náuseas, diarrea y disnea⁷,⁸. Aunque la terapia puede inducir fiebre leve, esta respuesta se interpreta como un signo de inmunoestimulación y no se asocia con eventos adversos graves⁶,¹⁰. Debido a ello, su acción puede compararse con un regulador del sistema inmunológico que prepara al organismo para tolerar mejor la quimioterapia. Por tanto, su aplicación resulta viable y segura permitiendo además disminuir efectos secundarios como la fatiga y la neutropenia⁷,¹⁰, lo que refuerza su valor como tratamiento complementario.
El análisis comparativo de la evidencia científica muestra una convergencia entre los distintos enfoques preclínicos y clínicos sobre el uso de Viscum album como terapia complementaria en oncología. Hong y Lyu¹, junto con Fonseca et al.⁴, fundamentan su eficacia destacando sus propiedades inmunomoduladoras, antitumorales y su capacidad de protección del ADN. Este sustento biológico está respaldado por Shatat et al.², quienes demuestran que la lectina de muérdago inhibe la síntesis proteica en células tumorales, limitando su proliferación. Desde el ámbito clínico, Pelzer et al.⁷ y Tröger et al.⁸ señalaron que el tratamiento combinado de extractos de muérdago con quimioterapia mejora la tolerancia al tratamiento y reduce efectos adversos como la neutropenia, mientras que Pelzer y Tröger¹⁰ confirman estos beneficios en estudios controlados. Asimismo, Cogo et al.⁶ y Schad et al.⁵ amplían la evidencia al demostrar la seguridad del muérdago en contextos perioperatorios e intratumorales, y Oei et al.⁹ validan su uso en pacientes con enfermedades autoinmunes preexistentes. Finalmente, Mascher et al.³ aportan una perspectiva que resalta mejoras sostenidas en la calidad de vida y en la experiencia subjetiva del tratamiento. A partir del análisis revisado, nosotras interpretamos que el uso del extracto de Viscum album como tratamiento complementario se integra de manera favorable con la quimioterapia, contribuyendo a una mejor tolerancia terapéutica y a un mayor bienestar del paciente oncológico. Los estudios preclínicos y clínicos analizados coinciden en señalar que sus efectos inmunomoduladores y antitumorales atenúan la carga sintomática asociada al tratamiento convencional, favoreciendo un manejo más integral de la enfermedad.
No obstante, identificamos un vacío en la información científica relacionado con la ausencia de criterios homogéneos en las formulaciones, dosis y esquemas de administración del extracto de Viscum album, así como con ciertas diferencias metodológicas entre los estudios disponibles. Frente a ello, nos cuestionamos si, una vez superadas estas limitaciones mediante protocolos clínicos más estandarizados y seguimientos prolongados, los beneficios observados podrían consolidarse y optimizarse en distintos contextos oncológicos. Aun así, consideramos que la evidencia actual es suficiente para sostener su valor como estrategia complementaria, dado que los resultados muestran mejoras sostenidas en la experiencia terapéutica del paciente y una reducción clínicamente relevante de los efectos adversos del tratamiento. Por lo tanto, el análisis crítico de estas investigaciones permite afirmar que los resultados son coherentes en diferentes contextos clínicos, poblaciones y diseños de estudio. En este sentido, la consistencia de los efectos observados ya sea a nivel biológico como clínico y experiencial, corrobora la tesis planteada, al demostrar que el uso del extracto de muérdago mejora la calidad de vida y reduce los efectos secundarios en pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia, consolidándose como una intervención complementaria segura, racional y clínicamente pertinente.
En conclusión, el análisis de la evidencia científica revisada permite reafirmar que el uso del extracto de muérdago como tratamiento complementario en pacientes oncológicos sometidos a quimioterapia constituye una alternativa clínicamente pertinente para mejorar la calidad de vida y reducir los efectos secundarios asociados al tratamiento convencional, ya que los estudios preclínicos y clínicos analizados demuestran que el Viscum album posee componentes bioactivos, como lectinas y viscotoxinas, con efectos antitumorales y reguladores de la respuesta biológica que sustentan su utilidad terapéutica, además de demostrar que su capacidad para inducir procesos como la muerte celular inmunogénica favorece una activación defensiva más eficaz frente a las células tumorales residuales durante la quimioterapia; asimismo, la evidencia muestra que la terapia con Viscum album contribuye a una mejor tolerancia al tratamiento oncológico, reduciendo síntomas como la fatiga, el dolor, las náuseas y la neutropenia, lo que se traduce en una mejora significativa de la experiencia terapéutica del paciente, a lo que se suma su perfil de seguridad favorable, respaldado por estudios que confirman su buena tolerabilidad incluso en contextos clínicos complejos; finalmente, si bien se identifican vacíos relacionados con la estandarización de dosis y formulaciones, estos no invalidan los beneficios observados, sino que abren nuevas líneas de investigación orientadas a optimizar su uso clínico, invitando así a seguir profundizando en el desarrollo de terapias complementarias basadas en evidencia, capaces de enriquecer el manejo integral del cáncer y de responder a las necesidades reales de los pacientes oncológicos.

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8. Tröger W, Ždrale Z, Stanković N, Matijašević M. Five-year follow-up of patients with early-stage breast cancer after a randomized study comparing additional treatment with Viscum album extract to chemotherapy alone. Breast Cancer (Auckl) [Internet]. 2012 [citado 21 de enero de 2026];6:173-181. doi:10.4137/BCBCR.S10558
9. Oei SL, Thronicke A, Kröz M, Matthes H, Schad F. Use and safety of Viscum album L applications in cancer patients with preexisting autoimmune diseases: findings from the Network Oncology Study. Integr Cancer Ther [Internet]. 2019 [citado 21 de enero de 2026];18:1534735419832367. doi:10.1177/1534735419832367
10. Pelzer F, Tröger W. Complementary treatment with mistletoe extracts during chemotherapy: safety, neutropenia, fever, and quality of life assessed in a randomized study. J Altern Complement Med [Internet]. 2018 [citado 21 de enero de 2026];24:954-961. doi:10.1089/acm.2018.0159

 

 

 

 

LA REVISIÓN SISTEMÁTICA COMO HERRAMIENTA DE INVESTIGACIÓN: UNA CRÍTICA DESDE LA PERSPECTIVA DE ESTUDIANTES DE MEDICINA

Cieza Tarrillo, Eliana Noelia
Montoya Salazar, Leonardo Jesús
Tineo Tiquillahuanca, Alcides

Introducción

La investigación médica es un pilar esencial para el avance científico. Además, contribuye a mejorar la calidad de la atención en salud (1). A través de ella se desarrollan estrategias diagnósticas, terapéuticas y preventivas que contribuyen a reducir la morbimortalidad y optimizar los sistemas sanitarios (1). La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la investigación en salud es fundamental para fortalecer los sistemas sanitarios y garantizar decisiones basadas en evidencia científica confiable (1). En este contexto, la síntesis rigurosa de la evidencia adquiere un papel estratégico, especialmente cuando el volumen de información científica crece de manera acelerada y exige herramientas metodológicas que permitan interpretarla de forma crítica y organizada. En el marco de la Medicina Basada en Evidencia, la integración de la mejor evidencia disponible con la experiencia clínica y los valores del paciente permite una práctica médica más segura, eficaz y ética (2). Además, fundamentar las decisiones en evidencia científica representa no solo un criterio metodológico, sino también un deber moral orientado a minimizar riesgos, evitar intervenciones innecesarias y promover la sostenibilidad de los recursos en salud (3).

Dentro de las metodologías de investigación, la revisión sistemática ocupa un lugar central debido a su rigor metodológico y su capacidad para sintetizar de manera estructurada los resultados de múltiples estudios científicos. Ante la creciente producción de información, este tipo de estudio permite recopilar, filtrar y analizar críticamente la literatura disponible sobre una pregunta específica, ofreciendo conclusiones integradas que orientan la práctica clínica (4). Al aplicar métodos explícitos y sistemáticos, como las directrices PRISMA, se minimizan los sesgos de selección e interpretación, consolidándose como uno de los niveles más robustos de hallazgos publicados para la toma de decisiones clínicas y la formulación de políticas sanitarias (5).

Sin embargo, el proceso metodológico de una revisión sistemática suele percibirse como complejo por estudiantes de Medicina Humana. Las dificultades en la formulación de la pregunta de investigación, la construcción de estrategias de búsqueda y el análisis crítico de estudios generan inseguridad en las etapas iniciales (2). Aunque existen recursos técnicos que describen el método, muchos carecen de un enfoque formativo que explique el proceso desde la experiencia del estudiante. Por ello, se identifica la necesidad de un artículo que exponga de manera clara, secuencial y comprensible la elaboración de una revisión sistemática desde una perspectiva académica y reflexiva.

En este contexto, el artículo académico tiene como objetivo describir de manera estructurada y accesible el proceso de redacción de una revisión sistemática en el ámbito de la Medicina Humana, explicando cada una de sus etapas metodológicas desde un enfoque pedagógico. Asimismo, busca reflexionar sobre su valor como herramienta de iniciación científica para estudiantes de medicina, destacando los aprendizajes adquiridos y su contribución al desarrollo del pensamiento crítico frente a la evidencia científica.

Metodología

El presente artículo corresponde a un estudio de tipo descriptivo, narrativo y formativo, con un enfoque pedagógico–explicativo. Su diseño se enmarca dentro de los artículos de opinión académica orientados a la reflexión metodológica, manteniendo coherencia con los principios de la Medicina Basada en Evidencia (1) y con el reconocimiento de la revisión sistemática como uno de los niveles más robustos de evidencia científica (2). A diferencia de una investigación empírica tradicional, este trabajo no busca generar datos primarios, sino describir y analizar, desde la experiencia estudiantil, el proceso de elaboración de una revisión sistemática como herramienta de iniciación científica.

El enfoque pedagógico del artículo se fundamenta en la necesidad de traducir procedimientos metodológicos complejos en explicaciones claras, secuenciales y comprensibles para lectores en formación académica (9). Se emplea un lenguaje accesible sin perder rigurosidad conceptual, describiendo cada etapa del proceso con el propósito de facilitar su comprensión y aplicación práctica. Esta orientación responde a la importancia de fortalecer competencias investigativas tempranas en estudiantes de ciencias de la salud, promoviendo una actitud crítica frente a la evidencia científica (1).

La población objetivo está constituida principalmente por estudiantes de Medicina Humana en etapas iniciales e intermedias de su formación académica, especialmente aquellos que buscan alternativas metodológicas accesibles para iniciarse en la investigación. Asimismo, el contenido puede resultar útil para docentes que imparten cursos de metodología de la investigación o Medicina Basada en Evidencia, así como para investigadores interesados en comprender la estructura y lógica del proceso de revisión sistemática.

Por otro lado, se describen las etapas generales del proceso de elaboración de una revisión sistemática limitándose a aspectos metodológicos y reflexivos. No se pretende reemplazar manuales técnicos ni guías oficiales como PRISMA (5), sino ofrecer una guía introductoria basada en la experiencia académica, que sirva como material de apoyo educativo.

Marco conceptual

Revisión sistemática: concepto y finalidad

La revisión sistemática es una recopilación estructurada de información generada por investigaciones clínicas sobre un tema determinado (6). Se trata de un estudio secundario que identifica, evalúa y sintetiza de manera exhaustiva y metodológica toda la evidencia científica disponible para responder una pregunta de investigación específica (6). En algunos casos, los resultados pueden ser valorados de forma matemática mediante un metaanálisis, lo que permite integrar cuantitativamente los hallazgos de los estudios incluidos (7).

Este tipo de investigación se caracteriza por seguir un protocolo explícito y reproducible que minimiza sesgos (7). Gracias a este proceso sistemático, se minimizan los sesgos y se fortalece la calidad de la evidencia obtenida, la posiciona en la cima de la jerarquía de la evidencia (6).

La finalidad de la revisión sistemática es facilitar el acceso a la información científica relevante, permitiendo ahorrar tiempo y mantener actualizados a los investigadores y profesionales de la salud respecto a la mayoría de los estudios disponibles sobre un tema de interés (7). En un contexto de creciente producción científica, esta metodología contribuye a organizar el conocimiento existente de manera clara y fundamentada, favoreciendo la toma de decisiones basadas en evidencia (7).

Formulación de la pregunta de investigación (modelo PICO)

La pregunta de investigación constituye el eje que orienta todo el proceso de una revisión sistemática, ya que su adecuada formulación facilita la búsqueda de información científica y su claridad influye directamente en la calidad de los resultados obtenidos (6). En este contexto, el modelo PICO representa una estrategia estructurada que organiza la pregunta en cuatro componentes fundamentales: población, intervención, comparación y outcome (resultado). Estos elementos permiten construir preguntas específicas y delimitadas, optimizando la precisión metodológica y reduciendo la ambigüedad (6,8).

El formato PICO representa cada una de las partes sucesivas con relación al paciente, la intervención, la comparación y el resultado u outcome. Estos cuatro componentes constituyen los elementos esenciales tanto de la pregunta de investigación como de la construcción de la estrategia de búsqueda bibliográfica de evidencias. A partir de la pregunta formulada bajo este modelo se deducen y elaboran el título del estudio, los objetivos (principal y específicos), las palabras clave y los criterios de inclusión, lo que evidencia su papel estructurador dentro de la revisión sistemática (8).  Para entender mejor el modelo PICO, se realizó la siguiente tabla de ejemplificación [Tabla 1].

Tabla 1

Revisión Sistemática

Población

Intervención/Exposición

Comparación

Outcome/Resultado

Pregunta final

PM2.5 y neurodegeneración por cuerpos de Lewy

Población expuesta a partículas finas PM2.5

Exposición a partículas finas PM2.5

No exposición o menor exposición (cuando disponible)

Neurodegeneración por cuerpos de Lewy

 ¿Existe una asociación entre la exposición a partículas finas PM 2,5 y la neurodegeneración por cuerpos de Lewy?

Vitamina D y depresión

Personas con deficiencia/insuficiencia de vitamina D y depresión

Exposición a niveles séricos adecuados de vitamina D

Placebo o ausencia de suplementación con vitamina D y tratamiento estándar sin suplementación

Cambios en niveles de vitamina D y respuesta al tratamiento antidepresivo asociada a la suplementación

¿Existe una asociación entre la deficiencia de vitamina D y la sintomatología depresiva, y una posible efectividad de la suplementación con vitamina D en la mejora de los síntomas depresivos? 

Micro y nanoplásticos y neurotoxicidad

Modelos biológicos (animales y humanos)

Exposición a micro y nanoplásticos

Grupos no expuestos (cuando disponibles)

Efectos de neurotoxicidad en el sistema nervioso central

¿La exposición a micro y nanoplásticos, en comparación con la no exposición, se asocia con la inducción de efectos neurotóxicos en el sistema nervioso central?

 Búsqueda de información científica

La búsqueda de información científica constituye una etapa clave dentro del proceso de elaboración de una revisión sistemática, ya que de ella depende la identificación de evidencia relevante, actualizada y metodológicamente pertinente (11). Desde nuestra perspectiva como estudiantes, uno de los principales desafíos fue la limitada cantidad de estudios, lo que evidenció la necesidad de diseñar una estrategia de búsqueda rigurosa, estructurada y reproducible.  Para lograr esto, la búsqueda debe realizarse en bases de datos confiables y de reconocido prestigio, tales como Scopus, PubMed, Scielo y Web of Science (11). Asimismo, se deben considerar fuentes indexadas en plataformas como Elsevier (ScienceDirect) y revistas científicas de alto impacto (9).

Un elemento fundamental en esta etapa es la correcta definición de descriptores y términos de búsqueda. En el caso de la revisión sobre cuerpos de Lewy y contaminación ambiental, se emplearon términos como “Lewy Body”, “Lewy Body Dementia”, “Synucleinopathies” y “PM2.5”. Para la revisión sobre micro y nanoplásticos, se utilizaron descriptores como “neurotoxicidad”, “micro- y nanoplásticos”, “salud pública” y “cerebro”. De igual manera, en la revisión sobre vitamina D y depresión se emplearon términos como “vitamin D”, “cholecalciferol”, “vitamin D deficiency”, “vitamin D supplementation”, “depression” y “depressive symptoms”, incluyendo sus equivalentes en español. La adecuada selección de estos términos permitió delimitar la búsqueda y mejorar la precisión de los resultados obtenidos.

Criterios de inclusión y exclusión

Definir criterios de inclusión y exclusión claros es una fase determinante dentro de una revisión sistemática, ya que permite seleccionar únicamente aquellos estudios que se relacionan directamente con el problema de investigación. Además, establecer estos criterios antes de iniciar la selección reduce el riesgo de sesgo y fortalece la coherencia del análisis (9).  En la práctica, se aplicaron dos tipos de criterios: de inclusión (e.g. estudios originales, recientes y directamente relacionados con la temática) y de exclusión (e.g. investigaciones sin relación directa, trabajos de contextualización teórica y aquellos que no fuesen originales). 

Selección y análisis de los estudios

Una vez definidos los criterios, el proceso de búsqueda y selección debe seguir un flujo estructurado. En primer lugar, se realiza una etapa de identificación en distintas bases de datos académicas y mediante fuentes complementarias como la revisión manual de referencias (11). Posteriormente, se lleva a cabo un proceso de depuración en el que se eliminan registros duplicados y documentos que no cumplen con los requisitos mínimos de pertinencia. Este primer filtro, de carácter más amplio, permitió reducir el volumen de literatura a un conjunto manejable de publicaciones potencialmente relevantes (11).

Con este conjunto de literatura preliminar, se procedió a una segunda fase de selección más rigurosa. En esta, se consideran aspectos como el diseño del estudio, la población, las variables y la claridad en la presentación de los resultados. Este proceso de lectura crítica no está exento de desafíos ya que, al inicio, abordar estudios con enfoques metodológicos diversos y terminología especializada puede resultar complejo, especialmente cuando se trata de temas emergentes (9). Sin embargo, la lectura progresiva de múltiples investigaciones permite desarrollar la capacidad de identificar la relevancia de cada artículo, reconocer sus objetivos principales y distinguir aquellos que aportan evidencia significativa para la pregunta de investigación (7).

A continuación, la información relevante se organizó en resúmenes estructurados que integraban los datos principales y los hallazgos más importantes. Este procedimiento facilitó la comparación entre investigaciones, la identificación de patrones y el análisis crítico de la evidencia disponible. Finalmente, tras aplicar de manera sistemática los criterios predefinidos y completar el análisis, se obtuvo un grupo reducido de estudios que cumplían con todas las condiciones metodológicas y temáticas establecidas.

Esta experiencia de revisión de literatura reciente favoreció la actualización constante y fortaleció la capacidad de análisis crítico, competencia esencial en la formación médica ante los continuos avances del conocimiento científico.

Síntesis de la información

La síntesis de la información requiere un estudio detallado de cada artículo seleccionado tras el proceso de depuración (11). Para organizar los datos de manera eficiente, se elaboró un recuadro con la información esencial de cada investigación, incluyendo características poblacionales, tipo de estudio, metodología empleada y lugar de procedencia (9). Este recurso permitió acceder con mayor rapidez a los datos relevantes y facilitar su posterior análisis.

Sintetizar implica comprender los resultados de diversos estudios y expresarlos de forma clara, coherente y simplificada, sin alterar los datos objetivos propios de las ciencias naturales (9, 11). No se trata de copiar información, sino de integrar y explicar los hallazgos respetando la evidencia original. Una vez identificados los resultados principales, se procedió a su integración, buscando similitudes y diferencias entre las investigaciones y orientando el análisis hacia la respuesta de la pregunta de investigación. En este contexto, una síntesis adecuada favorece la interpretación de la evidencia científica y contribuye a una redacción más clara y estructurada del artículo.

Redacción del Artículo Científico

La redacción de una revisión sistemática requiere claridad, coherencia y un adecuado uso de las normas de citación científica, ya que esta etapa permite comunicar de manera estructurada el proceso metodológico y los hallazgos, garantizando transparencia y reproducibilidad (11). Además, constituye un ejercicio formativo que fortalece la escritura científica y el razonamiento crítico (10).  Se consideró que, para evitar redundancias y organizar adecuadamente la información, es útil llevar un registro detallado de cada artículo (autor, DOI, título e ideas principales), lo que facilita la integración de los hallazgos, considerando que una revisión sistemática consolida múltiples investigaciones. Adicional a esto, el manuscrito debe seguir una estructura científica estandarizada (Título, Resumen, Introducción, Métodos, Resultados, Discusión y Referencias), empleando un lenguaje claro, preciso y objetivo en tercera persona. Por último, los resultados deben derivar directamente de la evidencia analizada y la discusión debe interpretar los hallazgos con rigor, citando correctamente las fuentes para garantizar integridad académica.

Consideraciones Éticas

La elaboración de una revisión estructurada implica un uso responsable de la información científica. Este tipo de estudio se basa exclusivamente en investigaciones previamente publicadas en fuentes confiables, respetando la integridad de los datos originales sin alterarlos ni interpretarlos de manera tendenciosa (9). Se empleó la información con fines académicos, científicos y formativos, priorizando la inclusión de evidencia con adecuada calidad metodológica para garantizar conclusiones responsables. En este contexto, evitar el plagio constituye un principio fundamental (7). Todo el contenido del artículo debe ser original, y las ideas, datos y resultados provenientes de otros estudios deben identificarse claramente como fuentes externas. Se debe evitar la copia literal sin citación adecuada, promoviendo la honestidad académica como base de la investigación científica (9,11)

Es así que, la citación correcta de las fuentes, en este caso bajo las normas Vancouver, permite reconocer la autoría original de los estudios incluidos y asegura la transparencia y reproducibilidad del trabajo. Asimismo, es necesario respetar los requisitos específicos de formato, estructura y referencias establecidos por cada revista científica, ya que su cumplimiento contribuye a la credibilidad y calidad del artículo.

Discusión

El proceso de elaboración de este tipo de estudio evidencia que el rigor metodológico es tan relevante como los resultados obtenidos. Cada etapa contribuye a reducir sesgos, mejorar la validez de los hallazgos y garantizar coherencia en la interpretación de la evidencia (10). Un procedimiento ordenado permite comprender que la investigación científica no se limita a recopilar información, sino que exige criterios claros, análisis estructurado y consistencia metodológica (1,2). En este sentido, la correcta aplicación del método fortalece la Medicina basada en evidencias y favorece una aproximación crítica al conocimiento científico.

Asimismo, la revisión sistemática constituye una herramienta esencial para integrar y comparar resultados de diversos estudios, ofreciendo una visión global y estructurada del tema abordado (10). La adecuada definición de la población de interés, junto con criterios explícitos de inclusión y exclusión, facilita la selección de investigaciones pertinentes y de calidad, asegurando que la evidencia analizada responda de manera precisa a la pregunta planteada (10). El proceso de selección y análisis contribuye no solo a comprender el estado actual del conocimiento, sino que también permite formular conclusiones sólidas y orientar futuras investigaciones.

Desde una perspectiva formativa, la elaboración de esta síntesis metódica favorece el desarrollo del pensamiento crítico en estudiantes de Medicina, fortalece habilidades en búsqueda bibliográfica y lectura crítica, y contribuye a la comprensión de la evidencia científica (10). Además, se consolida como una herramienta pedagógica relevante para la enseñanza de metodología de la investigación, al promover un aprendizaje activo basado en el análisis y la integración de información científica.

No obstante, durante el proceso pueden surgir diversas dificultades. Entre las más frecuentes se encuentran la formulación inadecuada de la pregunta de investigación, el uso incorrecto de estrategias de búsqueda y la falta de claridad en los criterios de inclusión y exclusión (9, 10). Una estrategia bibliográfica poco precisa puede conducir a la omisión de estudios relevantes o a la incorporación de información poco pertinente. Por otro lado, la heterogeneidad de los estudios incluidos puede dificultar la síntesis de resultados, y la redacción científica representa un reto, especialmente en etapas tempranas de formación (10). El manejo inadecuado del estilo de citación y de las normas académicas también puede afectar la calidad final del trabajo.

A pesar de estas dificultades, el proceso permite comprender la complejidad y el rigor propios de la investigación científica. La necesidad de seleccionar fuentes confiables, organizar la información y ampliar la búsqueda cuando resulta insuficiente refuerza la importancia de la planificación y del orden metodológico (10). En conjunto, la elaboración de una revisión sistemática representa una experiencia formativa significativa que fortalece competencias académicas y estimula el interés por profundizar en el ámbito de la investigación médica.

Conclusiones

La revisión sistemática constituye una herramienta para sintetizar la evidencia científica disponible, cuyo desarrollo exige una secuencia metodológica claramente definida. La adecuada formulación de la pregunta de investigación orienta todo el proceso, mientras que la búsqueda, selección, análisis y síntesis de los estudios garantizan la validez y coherencia de los resultados. El cumplimiento ordenado de estas etapas fortalece la calidad científica de la redacción final y asegura la consistencia del trabajo.  Comprender y aplicar correctamente cada fase del proceso metodológico permite reducir sesgos, evitar confusiones y consolidar conclusiones fundamentadas en evidencia.

El artículo expone el proceso de elaboración de una revisión sistemática mediante un enfoque narrativo formativo claro y comprensible, lo que facilita el aprendizaje en estudiantes de Medicina Humana. Al describir cada etapa metodológica de manera estructurada, contribuye a reducir las dificultades frecuentes asociadas con la formulación de la pregunta, la estrategia de búsqueda y la síntesis de la evidencia.  Como material de apoyo en cursos de investigación y Medicina basada en evidencia, este trabajo promueve una práctica investigativa ética, ordenada y sustentada en evidencia científica. Asimismo, refuerza la importancia de la responsabilidad académica, la correcta citación y el respeto por las normas metodológicas como pilares fundamentales de la formación médica y científica.

Recomendaciones

A partir de la experiencia analizada, se plantean las siguientes recomendaciones dirigidas a estudiantes y docentes, con el fin de optimizar el proceso de aprendizaje de las revisiones sistemáticas en el pregrado.  Para los estudiantes, se recomienda iniciar el acercamiento a la revisión sistemática comprendiendo primero sus fundamentos metodológicos, para luego avanzar en la formulación de preguntas de investigación precisas utilizando modelos estructurados como PICO. De igual manera, es fundamental capacitarse en el manejo de bases de datos científicas y en el diseño de estrategias de búsqueda bibliográfica, así como aprender a aplicar criterios de inclusión y exclusión definidos previamente, lo que contribuye significativamente a reducir sesgos. Durante todo este proceso, deben respetarse los principios éticos y las normas de citación académica. A su vez, se sugiere a los estudiantes adoptar el hábito investigativo desde los primeros ciclos de formación, lo que facilitará la elaboración de trabajos futuros como la tesis y evitará comenzar desde cero al finalizar la carrera.

Para los docentes, se recomienda incorporar la realización de revisiones sistemáticas como herramienta formativa dentro de los cursos de metodología de la investigación, orientando a los estudiantes en la formulación de preguntas relevantes y novedosas. También, es importante promover el desarrollo de habilidades de lectura crítica y análisis de evidencia científica, así como fomentar el uso responsable de fuentes confiables y actualizadas. Por otro lado, los docentes deben acompañar de cerca el proceso de redacción científica, especialmente en el aspecto metodológico, para fortalecer la calidad académica de los trabajos. Finalmente, se sugiere fomentar la publicación de los trabajos académicos realizados en el aula, lo que contribuye al desarrollo científico de los estudiantes y, a su vez, al prestigio institucional de la Universidad Nacional de Cajamarca.

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